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Por qué Ucrania se está quedando sin misiles Patriot, su escudo contra los misiles balísticos

Cada interceptor cuesta unos 4 millones de dólares, se fabrica a cuentagotas y la guerra con Irán vació buena parte de las reservas de EE. UU. Así se explica la escasez que hoy enfrenta Kiev.

Por Redacción Datos Interesantes 5 min de lectura
Soldados estadounidenses elevan un lanzador del sistema Patriot durante un ejercicio militar en Australia, en 2021.
Soldados estadounidenses elevan un lanzador del sistema Patriot durante un ejercicio militar en Australia, en 2021. Foto: Lance Cpl. Alyssa Chuluda (U.S. Marine Corps) / Wikimedia Commons, Dominio público

Cada misil Patriot cuesta alrededor de 4 millones de dólares y su fabricación puede tardar años. Ucrania los necesita para frenar los misiles balísticos rusos, pero el 15 de octubre de 2026 varios medios informaron que sus reservas habían llegado a un nivel crítico, justo cuando Rusia intensifica los ataques contra centrales eléctricas antes del invierno.

Detrás de esa escasez hay una historia que va más allá de Ucrania: fábricas que no dan abasto, una guerra en Medio Oriente que se tragó buena parte de las reservas de Estados Unidos y países aliados que dudan en ceder lo poco que tienen. Para América Latina, el caso muestra cuánto cuesta una guerra moderna y qué tan frágil es depender de una sola industria.

Qué es el Patriot y por qué es tan valioso

El Patriot es un sistema de defensa antiaérea estadounidense. Lo fabrica la empresa RTX (antes Raytheon), que también produce el interceptor PAC-2 GEM-T, mientras que Lockheed Martin fabrica el PAC-3 MSE, el modelo más avanzado. Cada batería combina radares, centros de control y lanzadores, y su munición son los interceptores: misiles diseñados para destruir en el aire a otros misiles.

Las primeras baterías llegaron a Ucrania en abril de 2023, enviadas por Estados Unidos, Alemania y Países Bajos. Desde entonces, el gobierno de Volodímir Zelenski insiste en que el Patriot es una de las pocas armas que pueden detener de forma constante los misiles balísticos, que caen a enorme velocidad y son muy difíciles de interceptar con otros medios.

El problema es que el sistema no sirve de nada sin munición. Una batería puede estar intacta, pero si no tiene interceptores en sus lanzadores, no puede defender a nadie. Por eso la discusión de 2026 no gira en torno a las baterías, sino a los misiles que disparan.

Un misil caro que se fabrica a cuentagotas

Medios como Al Jazeera y Stars and Stripes calculan el precio de cada interceptor en unos 4 millones de dólares, una cifra parecida a la que aparece en el presupuesto del Ejército de Estados Unidos. Por eso cada disparo pesa en el presupuesto de cualquier país.

La producción también es lenta. Según Breaking Defense y Defense News, Lockheed Martin entregó 620 misiles PAC-3 MSE en 2025, un récord, un 20 % más que en 2024. En enero de 2026, la empresa y el Pentágono anunciaron un acuerdo marco para llegar a unos 2.000 por año hacia finales de 2030, aunque en ese momento todavía no era un contrato definitivo y dependía de fondos del Congreso.

Además, el ciclo es largo: el centro de estudios CSIS estima que pasan unos tres años y medio entre la firma de un contrato y la entrega de los misiles. Lo que se encarga hoy tardará años en llegar.

Quién le da Patriot a Ucrania y por qué llegan menos

Los interceptores de Ucrania provienen de Estados Unidos y de países europeos como Alemania y Países Bajos. Desde julio de 2025 existe además un mecanismo de la OTAN llamado PURL, acordado entre Donald Trump y el secretario general Mark Rutte: los aliados europeos y Canadá pagan armas estadounidenses para Ucrania en paquetes de unos 500 millones de dólares. Países Bajos financió el primero, que incluía material para el Patriot, y luego Suecia, Dinamarca y Noruega pagaron otro con misiles Patriot.

Aun así, el flujo se redujo. Según cifras que dio Zelenski y que recogieron la agencia AFP y Ukrainska Pravda, Ucrania recibió 675 interceptores en 2023 y 364 en 2025, y para 2026 se esperaban solo 264. En agosto, el presidente ucraniano afirmó que tenía un acuerdo con Washington para recibir misiles cada mes, pero que no alcanzaban para cubrir las necesidades del país.

La razón principal está en Medio Oriente. La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, iniciada a finales de febrero de 2026, consumió enormes cantidades de interceptores. El CSIS estima que Estados Unidos gastó cerca de dos tercios de su inventario de Patriot y que le quedan entre 759 y 827, según reportaron ABC News y Stars and Stripes en julio.

Lo que se sabe de la escasez actual

El 15 de octubre, The Washington Post informó, citando a funcionarios ucranianos y a un representante de la OTAN, que Ucrania tenía apenas unos diez interceptores al 7 de octubre y que esos se usaron en los ataques siguientes. Uno de esos funcionarios dijo al diario que solo quedaban un par, según recogieron el Kyiv Independent y el Kyiv Post.

Ese mismo día, la cadena CNN fue más lejos y aseguró que Ucrania se había quedado sin ningún misil Patriot. Sin embargo, CNN se basó en una sola fuente, y el Kyiv Independent señaló que no podía verificar cuántos interceptores quedan, por lo que ese dato no está confirmado. Lo que sí coinciden en reportar varios medios es que el nivel de reservas es crítico.

El 16 de octubre, en la cumbre de la Unión Europea en Bruselas, Zelenski pidió a los líderes europeos 300 interceptores Patriot para pasar el invierno. Según el Kyiv Post y el Kyiv Independent, España y Grecia, que conservan reservas propias de misiles más antiguos, se han resistido a cederlas por temor a quedarse sin defensa y sin reemplazos asegurados.

Qué puede pasar ahora

A corto plazo, Ucrania depende de que algún aliado acepte entregar parte de sus misiles a cambio de reponerlos más adelante con la nueva producción, una idea que funcionarios europeos estudian según el Kyiv Post. Sin eso, el país tendrá que enfrentar los ataques balísticos rusos del invierno con muy pocos interceptores.

Para América Latina la lección es clara: en una guerra moderna, tener armas no basta si no hay fábricas capaces de reponer la munición. Hoy, un puñado de plantas en Estados Unidos debe abastecer a la vez a Ucrania, a Medio Oriente y a las propias fuerzas estadounidenses, y la meta de 2.000 misiles por año no llegaría antes de 2030.

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