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Taiwán y TSMC: por qué una isla pequeña fabrica los chips más avanzados del planeta

Una sola empresa taiwanesa se queda con casi tres cuartas partes del negocio mundial de fabricar chips por encargo. Por qué nadie ha podido copiarla y qué pasaría con celulares y autos si algo sale mal.

Por Redacción Datos Interesantes 4 min de lectura
La Fab 18 de TSMC en el Parque Científico del Sur de Taiwán, una de las plantas donde se fabrican sus chips más avanzados, en mayo de 2025.
La Fab 18 de TSMC en el Parque Científico del Sur de Taiwán, una de las plantas donde se fabrican sus chips más avanzados, en mayo de 2025. Foto: 4300streetcar / Wikimedia Commons, CC BY 4.0

Si tienes un celular de gama alta, una computadora reciente o un auto moderno, es muy probable que alguna de sus piezas clave haya salido de Taiwán, una isla de unos 23 millones de habitantes frente a la costa de China. Allí opera TSMC, la empresa que fabrica los chips más avanzados del mundo para gigantes como Apple, Nvidia y AMD.

Según la consultora TrendForce, TSMC se quedó con el 72,5 % de los ingresos del mercado mundial de fundición de chips en el segundo trimestre de 2026, un récord. Su competidora más cercana, la surcoreana Samsung, apenas llegó al 5,9 %, y la china SMIC al 5,4 %. Otra firma de análisis, Counterpoint Research, calcula una cifra casi idéntica.

En los chips de última generación la ventaja es todavía mayor: estimaciones citadas por centros de análisis y medios internacionales coinciden en que alrededor del 90 % de los procesadores más avanzados del planeta se fabrican en la isla. Por eso, lo que pase en Taiwán le importa a cualquiera que use un teléfono, desde Ciudad de México hasta Buenos Aires.

Qué hace TSMC y por qué es tan difícil copiarla

TSMC (Taiwan Semiconductor Manufacturing Company) nació en 1987 con una idea que entonces sonaba extraña: no diseñar chips propios, sino fabricar los que diseñan otras empresas. Ese modelo, llamado fundición, permitió que compañías como Apple o Nvidia se dedicaran a inventar, mientras TSMC concentraba toda su inversión en fábricas cada vez más precisas.

Un chip de punta tiene miles de millones de transistores grabados en una lámina de silicio, con detalles más pequeños que un virus. Para dibujarlos se necesitan máquinas de litografía ultravioleta extrema (EUV), y solo una empresa en el mundo las fabrica: la neerlandesa ASML. Cada equipo es del tamaño de un autobús y cuesta cientos de millones de dólares, según Reuters y CNBC.

Tener la máquina no basta. Hacen falta ingenieros con años de experiencia, proveedores de químicos ultrapuros y un largo proceso de prueba y error para que la mayoría de los chips salgan sin defectos. Esa experiencia acumulada es la que ninguna rival ha logrado igualar. China, además, no puede comprar equipos EUV: los Países Bajos bloquean su venta a ese país desde 2019, bajo presión de Estados Unidos.

La distancia sigue creciendo. En el cuarto trimestre de 2025, TSMC empezó la producción en masa de sus chips de 2 nanómetros, su tecnología más avanzada, en plantas ubicadas en Taiwán, según confirmó la propia empresa y recogió la agencia taiwanesa CNA.

El "escudo de silicio"

China considera a Taiwán parte de su territorio y no ha descartado usar la fuerza para tomarla; el gobierno de Taipéi rechaza esa reclamación. En medio de esa tensión nació la idea del "escudo de silicio": como el mundo entero, incluida la propia China, depende de los chips taiwaneses, una guerra sería tan costosa que funcionaría como un freno.

No todos están convencidos. Algunos analistas creen que, si Pekín decidiera atacar por razones políticas, el golpe económico no lo detendría. En Washington también hay dudas: en septiembre de 2025, el secretario de Comercio de EE.UU., Howard Lutnick, cuestionó ese escudo y planteó que la mitad de la producción de chips de Taiwán se hiciera en Estados Unidos. El gobierno taiwanés rechazó la propuesta.

Lo que nadie discute es el tamaño del riesgo. Un estudio de Bloomberg Economics publicado en enero de 2024 calculó que una guerra por Taiwán costaría unos 10 billones de dólares, cerca del 10 % del PIB mundial, más que la pandemia de covid-19. Incluso un bloqueo de un año, sin combates abiertos, le restaría alrededor del 5 % a la economía del planeta.

Las fábricas de Arizona

Para reducir esa dependencia, Estados Unidos convenció a TSMC de construir en Arizona. Su primera fábrica, cerca de Phoenix, empezó a producir en volumen a finales de 2024 con tecnología de 4 nanómetros. La segunda ya está construida y, según informó la empresa en abril de 2026, fabricará chips de 3 nanómetros a partir de la segunda mitad de 2027.

En julio de 2026, TSMC anunció 100.000 millones de dólares adicionales para levantar más plantas en ese estado, con lo que su plan de inversión en EE.UU. llega a 265.000 millones, según AFP. Antes, en enero, Washington y Taipéi firmaron un acuerdo comercial que bajó al 15 % los aranceles a los productos taiwaneses a cambio de 250.000 millones de dólares en inversiones de empresas de la isla, según AP y CBS.

Aun así, las tecnologías más nuevas siguen arrancando primero en Taiwán. La tercera fábrica de Arizona, pensada para chips de 2 nanómetros, apunta a producir recién hacia el final de esta década.

Qué significaría una crisis para América Latina

La región ya vivió un adelanto. En 2021, la escasez mundial de chips obligó a frenar plantas de autos en México y Brasil: Nissan y Ford, entre otras marcas, suspendieron la producción durante días o semanas. En septiembre de ese año, la fabricación de vehículos cayó 33 % en México y más de 21 % en Brasil frente al año anterior, según datos citados por Reuters.

Una interrupción de los envíos desde Taiwán sería mucho más grave que aquella escasez, porque afectaría justamente a los chips que no tienen reemplazo. Los celulares de gama alta, las computadoras, los servidores de inteligencia artificial y buena parte de la electrónica de los autos dependen de esas fábricas. Los precios subirían y muchos productos podrían escasear en las tiendas de la región.

Por ahora, la apuesta de Washington es diversificar sin romper con Taiwán, y la de Taipéi es seguir siendo indispensable. Mientras ninguna otra fábrica del mundo pueda hacer lo que hace TSMC, esa pequeña isla seguirá siendo una de las piezas más delicadas del tablero mundial.

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