Trump dice que no usará armas nucleares contra Irán, pero advierte: “Esperen a ver lo que le vamos a hacer”
En una entrevista con Newsmax descartó enviar tropas terrestres y no confirmó ni negó el plan de lanzar la “madre de todas las bombas”.
Durante meses, Donald Trump evitó descartar opciones en su guerra con Irán. Este jueves 15 de octubre descartó una: en una entrevista con la cadena Newsmax dijo que no usará armas nucleares contra la república islámica. “No las usaría. No tenemos que hacerlo. Somos la mayor potencia nuclear del mundo”, afirmó. Según Al Jazeera, es la primera vez que lo dice de forma explícita.
En la misma conversación aseguró que no prevé enviar tropas terrestres a territorio iraní. “No, no lo veo”, respondió cuando le preguntaron directamente, según la transcripción difundida por la cadena y recogida por la agencia Reuters.
La pregunta clave fue sobre un reporte de CNN publicado ese mismo día. Según fuentes de esa cadena, el Pentágono preparó planes para atacar instalaciones energéticas y nucleares iraníes con la GBU-43/B, conocida como la “madre de todas las bombas” (MOAB), si Trump ordena reanudar los combates. El presidente no confirmó ni negó el plan, ni dijo si había autorizado su uso. Solo aclaró que esa bomba “no es nuclear en absoluto”, aunque la comparó con “una pequeña bomba nuclear”. También dijo que Estados Unidos podría volver a atacar Pickaxe Mountain, un sitio fortificado cerca de Natanz donde, según Washington, Irán esconde parte de su programa nuclear.
La frase más amenazante no salió de esa entrevista, sino de un mitin de campaña en Wasilla, Alaska, dos días antes, el martes 13. Allí Trump dijo a sus seguidores: “Esperen a ver lo que le vamos a hacer a Irán”, y repitió que ese país “no iba a tener un arma nuclear”.
Qué es la “madre de todas las bombas”
La MOAB es la bomba no nuclear más grande del arsenal estadounidense. Pesa cerca de 9.800 kilos, de los cuales unos 8.500 son explosivos, y mide algo más de nueve metros. Es tan grande que no cabe en un bombardero furtivo como el B-2 de la foto: se lanza desde la rampa trasera de un avión de carga. Se usó en combate por primera vez el 13 de abril de 2017, contra un complejo de túneles del Estado Islámico en la provincia de Nangarhar, en Afganistán.
Su punto débil es justamente el que importa en Irán. Está diseñada para estallar unos metros sobre el suelo y arrasar lo que hay en la superficie, no para perforar roca. Funcionarios citados por CNN y analistas consultados por Al Jazeera dudan de que sirva contra instalaciones enterradas a gran profundidad, como la de Pickaxe Mountain, y advierten del riesgo de víctimas civiles.
Cómo se llegó hasta aquí
La guerra empezó el 28 de febrero de 2026, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron cientos de bombardeos sobre Irán. Teherán respondió con misiles y drones contra Israel, bases estadounidenses y países del Golfo, y cerró el estrecho de Ormuz, una de las rutas petroleras más importantes del planeta. Desde entonces hubo treguas que se rompieron y, desde septiembre, nuevas hostilidades. Trump ha dicho que no reanudará los ataques antes de las elecciones legislativas del 3 de noviembre en Estados Unidos.
Para América Latina, el efecto más directo está en el surtidor. El jueves 15, el crudo estadounidense WTI subió cerca de 3 % y cerró en torno a 98 dólares por barril; al día siguiente, el Brent, la referencia internacional, cerró en 109,86 dólares, su nivel más alto desde mayo. Los países que importan casi todo su combustible, como buena parte de Centroamérica y el Caribe, sienten esos saltos en la gasolina, el transporte y, después, en los alimentos.
Qué puede venir
La diplomacia sigue abierta, pero con condiciones. El domingo 18, el canciller iraní, Abbas Araghchi, dijo que Ormuz podría reabrirse en seis días y que las negociaciones empezarían al séptimo si Washington acepta el plan de alto el fuego de siete días que Irán presentó en septiembre.
Al mismo tiempo, las amenazas no bajan de tono. Ese fin de semana, Trump advirtió en su red Truth Social que Estados Unidos podría “terminar pronto el trabajo” si Teherán no cambia de rumbo, y el nuevo ministro de Defensa iraní amenazó con “daños enormes” si se reanudan los ataques. La promesa de no usar armas nucleares aleja el peor escenario, pero no el de una nueva ronda de bombardeos con armas convencionales muy potentes. La fecha a vigilar es el 3 de noviembre.
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