China envía su armada a seguir a un buque de guerra de Estados Unidos en el disputado bajío Sabina
Pekín acusa al USS Charleston de entrar “ilegalmente” en aguas que reclama en el mar de China Meridional, cerca de Filipinas, y asegura que sus fuerzas están en alerta máxima.
Un barco de guerra estadounidense navega cerca de un pequeño arrecife casi invisible en el mapa, y en cuestión de horas la armada china sale a su encuentro. Eso es lo que Pekín informó el martes 20 de octubre de 2026: que desplegó fuerzas navales para rastrear y vigilar al USS Charleston en el bajío Sabina, uno de los puntos más disputados del mar de China Meridional.
Qué pasó
Según un comunicado del Mando del Teatro Sur del Ejército Popular de Liberación, recogido por la agencia Reuters, el buque estadounidense entró sin la aprobación de Pekín en aguas cercanas al bajío, al que China llama Xianbin Jiao. El mando chino lo calificó de intrusión ilegal, afirmó que la maniobra pone en riesgo la seguridad marítima y la estabilidad de la región, y pidió a Washington que deje de realizar este tipo de operaciones.
El texto añadió que las fuerzas chinas se mantienen “en alerta máxima en todo momento”. Sin embargo, no precisó a qué distancia llegó el barco, cuántas naves o aviones participaron en la vigilancia ni cuánto duró el encuentro. Hasta la publicación de las primeras notas, la Marina de Estados Unidos no había comentado el tránsito ni había aclarado si se trataba de una operación de libertad de navegación, como las que realiza con frecuencia en la zona.
El USS Charleston (LCS 18) es un buque de combate litoral de la clase Independence, con casco de tres cascos tipo trimarán, diseñado para moverse rápido en aguas poco profundas. Forma parte de las fuerzas que Estados Unidos mantiene desplegadas de forma permanente en el Indo-Pacífico.
Por qué este arrecife importa
El bajío Sabina, conocido en Filipinas como Escoda, está a unos 140 kilómetros de la isla filipina de Palawan, según datos citados por el medio UNITED24. Se encuentra dentro de la zona económica exclusiva de Filipinas, pero China lo reclama como parte de las islas Spratly, sobre las que asegura tener soberanía.
En 2024 el lugar se volvió un foco de tensión: durante un largo enfrentamiento en torno a un barco patrullero filipino, naves de las guardias costeras de China y Filipinas chocaron varias veces. Y según el gobierno de Manila, el mes pasado un buque de la Guardia Costera china embistió una embarcación filipina cerca del mismo bajío, versión que Pekín rechaza.
Para entender la disputa hay que mirar el mapa completo. Por el mar de China Meridional pasa una parte enorme del comercio marítimo mundial, y sus aguas guardan zonas de pesca y posibles reservas de energía. China reclama casi todo ese mar, mientras que Filipinas, Vietnam, Malasia y Brunéi reclaman partes de él.
El trasfondo legal y las alianzas
En 2016, un tribunal internacional de arbitraje, en un caso presentado por Filipinas, concluyó que las amplias reclamaciones chinas no tenían base legal según la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. China nunca aceptó ese fallo y sigue considerándolo inválido.
Estados Unidos no toma posición sobre a quién pertenece cada arrecife, pero sí tiene un tratado de defensa mutua con Filipinas y sostiene que sus barcos y aviones seguirán operando donde el derecho internacional lo permita. Esa combinación convierte cada paso de un buque estadounidense por la zona en un pulso directo entre las dos mayores potencias del mundo.
Qué puede venir
Este tipo de encuentros se ha vuelto frecuente, y casi siempre termina con comunicados cruzados y sin incidentes físicos. El riesgo, advierten los analistas, está en un error de cálculo: una maniobra demasiado cercana entre barcos de guerra podría escalar rápido. Por eso será clave ver si Washington responde al comunicado chino y si el Charleston, u otros buques estadounidenses, vuelven a pasar cerca del bajío en los próximos días.
Para América Latina, lo que ocurre en ese mar no queda tan lejos: buena parte de los productos que llegan desde Asia cruza esas rutas, y cualquier tensión entre China y Estados Unidos termina reflejándose en el comercio y en los precios.
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