Mar de China Meridional: qué es la disputa y por qué China y sus vecinos se lo pelean
Seis gobiernos reclaman islas diminutas en un mar por el que pasa cerca de una quinta parte del comercio mundial. Te explicamos la línea de nueve trazos, el fallo de La Haya y por qué la tensión no se apaga.
El mar de China Meridional es un mar de unos 3,6 millones de kilómetros cuadrados, en el sudeste de Asia, que seis gobiernos se disputan: China, Taiwán, Vietnam, Filipinas, Malasia y Brunéi. China reclama casi todo ese mar con un mapa trazado en los años cuarenta, mientras que sus vecinos invocan las 200 millas que les da el derecho internacional. La pelea es por islas diminutas, pero detrás hay petróleo, pesca y una de las rutas comerciales más transitadas del planeta.
Dónde está y qué islas hay en disputa
Este mar se extiende desde el sur de China y Taiwán hasta Singapur, entre Vietnam por el oeste y Filipinas, Malasia y Brunéi por el este. Según la Encyclopaedia Britannica, ocupa cerca de 3.685.000 kilómetros cuadrados, una superficie mayor que la de Argentina.
En sus aguas hay cientos de islotes, arrecifes y bancos de arena, muchos de los cuales quedan bajo el agua con la marea alta. Los grupos más conocidos son las islas Paracelso, al norte, que China controla y Vietnam y Taiwán reclaman; las islas Spratly, al sur, repartidas entre varios ocupantes; y el bajo de Scarborough, frente a la costa de Filipinas. Ninguno tiene ciudades ni población original: su valor está en el mar que los rodea.
La línea de nueve trazos: de dónde sale el reclamo chino
En diciembre de 1947, el gobierno de la República de China, que entonces gobernaba el continente, publicó un mapa con una línea de once trazos en forma de U que encerraba casi todo el mar. Tras la llegada de los comunistas al poder, Pekín quitó dos trazos del golfo de Tonkín a comienzos de los años cincuenta, en un gesto hacia el Vietnam del Norte aliado, y nació la famosa línea de nueve trazos. Taiwán sigue usando la versión original de once.
La línea abarca alrededor del 90 % del mar y China sostiene que tiene derechos históricos sobre esas aguas. El problema es que nunca ha precisado qué significan esos trazos: si son una frontera, un reclamo sobre las islas o sobre todo el mar. En 2023, Pekín publicó un nuevo mapa oficial con un décimo trazo al este de Taiwán, lo que provocó protestas formales de Filipinas, Malasia y Vietnam.
Frente a eso, los demás países se apoyan en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, firmada en 1982, que da a cada Estado costero una zona económica exclusiva de 200 millas náuticas (unos 370 kilómetros) para pescar y explotar recursos. Medida así, buena parte de lo que China reclama queda dentro de las zonas de Filipinas, Vietnam, Malasia o Brunéi.
¿Por qué ese mar vale tanto?
Primero, por el comercio. El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), de Washington, calculó que en 2016 pasaron por allí mercancías por unos 3,4 billones de dólares, cerca del 21 % del comercio mundial. Por ese mar navegan buena parte del petróleo que importan China, Japón y Corea del Sur, y los productos que Asia exporta al resto del mundo.
Segundo, por la energía. La Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA) estimó en 2013 que bajo el lecho marino hay unos 11.000 millones de barriles de petróleo y 190 billones de pies cúbicos de gas natural en reservas probadas y probables, la mayoría en zonas cercanas a las costas y no en las islas disputadas.
Tercero, por la pesca. Investigadores citados por el CSIS calculan que en 2015 de ese mar salió alrededor del 12 % de la captura mundial de pescado, un sustento vital para millones de familias costeras de la región. Y cuarto, por la estrategia militar: quien domine estas aguas controla el paso entre el océano Índico y el Pacífico.
Choques, islas artificiales y el fallo de La Haya
La disputa ya ha tenido episodios armados. En enero de 1974, China arrebató las islas Paracelso a Vietnam del Sur tras un combate naval. En marzo de 1988, un enfrentamiento en el arrecife Johnson Sur, en las Spratly, dejó más de 60 militares vietnamitas muertos, según la mayoría de los recuentos. Y en 2012, tras dos meses de tensión entre barcos de ambos países, China se quedó con el control del bajo de Scarborough, que Filipinas considera parte de su zona económica.
Entre 2013 y 2016, China convirtió arrecifes de las Spratly en islas artificiales con dragas que acumularon arena sobre el coral. Según el Pentágono y el CSIS, creó así más de 3.200 acres de tierra nueva, unos 13 kilómetros cuadrados. En los arrecifes Fiery Cross, Subi y Mischief construyó pistas de aterrizaje de casi 3.000 metros, puertos, radares y, según imágenes satelitales analizadas por el CSIS, sistemas de armas. Pekín afirma que son instalaciones defensivas en su propio territorio. Vietnam, en menor escala, también ha ampliado sus puestos.
En 2013, Filipinas llevó el caso a un tribunal de arbitraje bajo la convención de la ONU, con sede en La Haya. El 12 de julio de 2016, el tribunal concluyó que la línea de nueve trazos no tiene base legal para reclamar derechos históricos sobre los recursos del mar, y que ninguno de los islotes de las Spratly es una isla capaz de generar su propia zona económica. China declaró el fallo “nulo” y nunca lo ha acatado.
Cómo está la disputa hoy
El punto más caliente es el arrecife Ayungin (Second Thomas Shoal), donde Filipinas mantiene desde 1999 un viejo buque de guerra, el BRP Sierra Madre, encallado a propósito y con unos pocos marinos a bordo. Los guardacostas chinos interceptan con frecuencia las misiones de abastecimiento, con cañones de agua y maniobras de bloqueo. En octubre de 2026, el ministro de Defensa filipino advirtió que un intento chino de llevarse el barco sería “un acto de guerra”.
El riesgo mayor es que un choque pequeño escale. Filipinas tiene desde 1951 un tratado de defensa mutua con Estados Unidos, y Washington ha dicho que ese pacto cubre ataques contra barcos filipinos en el mar de China Meridional. Además, la Armada estadounidense hace patrullas de “libertad de navegación” que Pekín considera provocaciones. China y los países del sudeste asiático negocian desde hace más de dos décadas un código de conducta para evitar incidentes, pero todavía no lo han cerrado.
Qué tiene que ver con América Latina
La idea de las 200 millas, que hoy usan Filipinas y Vietnam contra China, nació en buena parte en Sudamérica. Chile proclamó en 1947 su soberanía sobre una franja marítima de 200 millas, y el 18 de agosto de 1952 Chile, Perú y Ecuador firmaron la Declaración de Santiago, que defendió esa misma distancia para proteger sus recursos pesqueros. Décadas después, ese concepto quedó recogido en la convención de la ONU de 1982.
La región también conoce el problema de cerca. En julio de 2020, una flota de unos 260 pesqueros, en su mayoría de bandera china, se instaló en aguas internacionales justo al borde de la zona económica de las islas Galápagos, lo que obligó a Ecuador a vigilarla con su armada. Y el comercio latinoamericano con Asia, del cobre a la soya, depende de que las rutas marítimas de esa parte del mundo sigan abiertas.
Un dato final para dimensionar la disputa: la mayoría de los islotes en juego quedan cubiertos por el mar con la marea alta, pero por el agua que los rodea pasa cada año cerca de una quinta parte de todo el comercio del planeta.
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