Crimea: historia y por qué Rusia y Ucrania se la disputan, explicado
La península del mar Negro fue tártara, otomana, rusa y ucraniana antes de que Moscú la anexionara en 2014. Te explicamos su historia, qué pasó en el referéndum y cómo votó América Latina en la ONU.
Crimea es una península de unos 27.000 kilómetros cuadrados en el mar Negro, unida al sur de Ucrania por un estrecho istmo. Rusia la anexionó en marzo de 2014 tras un referéndum que Ucrania y la mayoría de los países del mundo consideran ilegal, y desde entonces ambos países la reclaman como propia. Para Moscú es la base de su flota del mar Negro y un símbolo histórico; para Kiev, una parte de su territorio ocupada por la fuerza.
La península tiene la forma de un diamante que entra en el mar Negro y, al este, toca el mar de Azov. Su ciudad más poblada y principal puerto militar es Sebastopol, y su capital administrativa es Simferópol. La costa sur, con montañas, viñedos y palacios como el famoso Nido de Golondrina, fue durante décadas el lugar de vacaciones favorito de la élite soviética.
Según el último censo ucraniano, de 2001, la mayoría de la población era de origen ruso (alrededor del 58 %), seguida por ucranianos (24 %) y tártaros de Crimea (12 %), el pueblo musulmán de origen túrquico que habitaba la península desde mucho antes de la llegada de los rusos. Esa mezcla explica buena parte de las tensiones actuales.
Una historia de imperios: de los griegos a Catalina la Grande
Crimea ha cambiado de dueño muchas veces. En la Antigüedad hubo colonias griegas en sus costas, y más tarde pasaron por ella romanos, bizantinos, genoveses y mongoles. En el siglo XV se formó el Kanato de Crimea, un Estado de los tártaros que desde 1475 quedó bajo la protección del Imperio otomano.
En 1783, la emperatriz Catalina la Grande anexionó la península al Imperio ruso, y ese mismo año se fundó Sebastopol como base naval. Desde entonces, Crimea le dio a Rusia algo que siempre buscó: un puerto de aguas cálidas con salida al Mediterráneo. Por eso, entre 1853 y 1856 se libró allí la guerra de Crimea, en la que Rusia se enfrentó a una alianza del Imperio otomano, el Reino Unido, Francia y Cerdeña, y perdió.
El siglo XX dejó una herida profunda. El 18 de mayo de 1944, por orden de Stalin, el régimen soviético acusó sin pruebas a todo el pueblo tártaro de colaborar con la Alemania nazi y lo deportó en masa a Asia Central. Según los registros oficiales soviéticos, fueron expulsadas más de 180.000 personas, y miles murieron durante el viaje o en los primeros años de exilio. Ucrania reconoció esta deportación como genocidio en 2015. Los tártaros solo pudieron volver en masa a finales de los años ochenta.
Por qué Crimea quedó dentro de Ucrania
El 19 de febrero de 1954, el gobierno de la Unión Soviética, encabezado por Nikita Jruschov, transfirió Crimea de la República Socialista de Rusia a la de Ucrania. Se presentó como un gesto por los 300 años de la unión entre Ucrania y Rusia, y también se justificó por razones prácticas: la península depende de tierra firme ucraniana para el agua, la electricidad y los caminos. En ese momento parecía un simple cambio administrativo, porque ambas repúblicas formaban parte del mismo país.
Todo cambió en 1991, cuando la Unión Soviética se disolvió. En el referéndum del 1 de diciembre de ese año, el 90 % de los votantes de toda Ucrania apoyó la independencia; en Crimea, el sí ganó con algo más del 54 %, el resultado más ajustado del país. La península quedó como república autónoma dentro de Ucrania, con su propio parlamento.
Quedaba un problema: la flota rusa del mar Negro seguía en Sebastopol. Un tratado de 1997 permitió a Rusia mantener allí su base pagando un alquiler, y en abril de 2010 los acuerdos de Járkov extendieron ese permiso hasta 2042 a cambio de un descuento en el gas ruso.
Qué pasó en 2014
A finales de 2013 estallaron en Kiev grandes protestas, conocidas como el Euromaidán, después de que el presidente Víktor Yanukóvich, cercano a Moscú, renunciara a firmar un acuerdo con la Unión Europea. En febrero de 2014, Yanukóvich huyó del país. Pocos días después, hombres armados y uniformados sin insignias tomaron el parlamento y otros edificios clave de Crimea. Rusia negó al principio que fueran sus soldados, pero más tarde Vladímir Putin reconoció que militares rusos habían participado.
El 16 de marzo de 2014 se celebró un referéndum en la península, con soldados en las calles y sin observadores internacionales reconocidos. Las autoridades locales anunciaron que cerca del 97 % votó por unirse a Rusia; muchos ucranianos y tártaros lo boicotearon. El 18 de marzo, Putin firmó el tratado de anexión.
La comunidad internacional reaccionó. El 27 de marzo de 2014, la Asamblea General de la ONU aprobó la resolución 68/262, que declaró inválido el referéndum y reafirmó la integridad territorial de Ucrania, con 100 votos a favor, 11 en contra y 58 abstenciones. Estados Unidos y la Unión Europea impusieron sanciones a Rusia. Moscú, por su parte, consolidó su control: en mayo de 2018 inauguró el puente de Crimea, de 19 kilómetros, que une la península con territorio ruso a través del estrecho de Kerch.
Crimea en la guerra actual
Cuando Rusia lanzó la invasión a gran escala de Ucrania, el 24 de febrero de 2022, parte de sus tropas entraron desde Crimea hacia el sur del país. Desde entonces, la península se convirtió en un objetivo militar: Ucrania ha atacado varias veces el puente de Kerch, buques de la flota del mar Negro y depósitos de combustible, lo que obligó a Rusia a trasladar parte de sus barcos a otros puertos.
En las negociaciones de paz, Crimea es uno de los puntos más difíciles. En abril de 2025, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo que la península se quedaría con Rusia, mientras que el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha repetido que Ucrania no reconocerá legalmente la anexión. En julio de 2026, Zelenski admitió en una entrevista con Fox News que la devolución de Crimea no estaba sobre la mesa de las conversaciones.
Cómo votó América Latina
La disputa por Crimea dividió a la región. En la votación de la ONU de 2014, México, Colombia, Chile, Perú, Panamá, Costa Rica, Guatemala, Honduras y República Dominicana, entre otros, apoyaron la resolución que defendía la integridad de Ucrania. Venezuela, Cuba, Bolivia y Nicaragua votaron en contra, junto con Rusia. Argentina, Brasil, Uruguay, Ecuador, Paraguay y El Salvador se abstuvieron.
El caso también toca un principio que América Latina conoce bien: el de no cambiar fronteras por la fuerza ni con consultas organizadas bajo ocupación militar, una regla que los países de la región han defendido en sus propias disputas territoriales.
Lo que debes recordar
Crimea fue tártara y otomana, se volvió rusa en 1783, pasó a Ucrania en 1954 dentro de la Unión Soviética y quedó en la Ucrania independiente en 1991. Rusia la anexionó en 2014 y casi ningún país del mundo reconoce esa anexión. Un dato lo resume todo: el puerto de Sebastopol, fundado por Catalina la Grande hace más de 240 años, sigue siendo la razón principal por la que Moscú no está dispuesto a soltar la península.
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