El Ejército de EE. UU. ensaya entierros temporales en el campo de batalla por primera vez desde Corea
En un simulacro en Fort Bragg, ingenieros con bulldozers calcularon que una sola compañía podría preparar fosas para hasta 2.400 soldados caídos en 24 horas.
El Ejército de Estados Unidos volvió a practicar algo que no hacía a gran escala desde la guerra de Corea: enterrar de forma temporal a sus propios soldados caídos en el campo de batalla. El simulacro se hizo los días 20 y 21 de octubre de 2026 en Fort Bragg, Carolina del Norte, y sus detalles se conocieron esta semana a través de un comunicado militar recogido por Army Times y Newsweek. La cifra que más llamó la atención: una sola compañía de ingenieros podría preparar fosas para hasta 2.400 cuerpos en 24 horas.
Qué se ensayó en Fort Bragg
El ejercicio forma parte de la segunda fase de la operación Dragon Covenant y reunió a unidades del 3.er Comando de Sostenimiento y de la 20.ª Brigada de Ingenieros, del XVIII Cuerpo Aerotransportado. Junto a ellos participaron equipos de medicina preventiva, especialistas en manejo de bajas y capellanes militares. No se usaron restos humanos: los soldados trabajaron con modelos de esqueletos y recipientes con agua que simulaban cuerpos, y la prueba consistía en cavar y cubrir las zanjas sin dañarlos.
Según la doctrina militar estadounidense, un terreno de entierro temporal está formado por cinco zanjas paralelas con capacidad para 100 cuerpos. En pruebas anteriores, una retroexcavadora tardaba unas tres horas en abrir una zanja para diez restos. Esta vez, con bulldozers D6, los ingenieros abrieron zanjas más anchas, para 20 restos, en una hora y quince minutos de promedio. A ese ritmo, de acuerdo con el Ejército, una compañía bien equipada que trabaje sin parar podría cubrir fosas para hasta 2.400 cuerpos cada día.
El simulacro también dejó lecciones prácticas. La distancia de unos dos metros que fija la doctrina entre filas resultó demasiado estrecha para que pasara un bulldozer sin afectar las zanjas vecinas, por lo que el reglamento será actualizado. Los capellanes, por su parte, ensayaron cómo consagrar el terreno antes de cada entierro y consultaron con líderes de distintas religiones para respetar las creencias de cada soldado.
Por qué el Ejército vuelve a practicarlo
Durante más de veinte años, en Irak y Afganistán, la superioridad aérea de Estados Unidos permitió sacar a los soldados muertos en avión casi de inmediato y llevarlos de vuelta a casa. Los planificadores militares creen que en una guerra de gran escala contra un rival con defensas aéreas, misiles y drones eso podría no ser posible: las rutas podrían estar cortadas o ser demasiado peligrosas. Las normas conjuntas permiten los entierros temporales cuando los restos no pueden moverse con seguridad, cuando no hay transporte o cuando las muertes se deben a armas químicas, biológicas, radiológicas o nucleares.
El sargento primero Delbert Ruede, jefe de manejo de bajas del 3.er Comando de Sostenimiento, fue directo al explicar el objetivo. “Si fuéramos a la guerra mañana, lo estaríamos improvisando sobre la marcha”, reconoció en el comunicado. Según el militar, el ejercicio permitió revisar de forma crítica cómo se respeta y se maneja a los caídos en un conflicto de alta intensidad, con un método probado en el terreno que mantenga el control de cada caso.
La referencia a Corea no es casual. En aquella guerra, entre 1950 y 1953, murieron cerca de 37.000 militares estadounidenses, y muchos fueron enterrados primero en cementerios provisionales antes de ser repatriados. Las fosas temporales no son definitivas: la idea es registrar con precisión el lugar de cada entierro para recuperar e identificar los restos más adelante y devolverlos a sus familias.
El contexto y lo que viene
El ensayo se conoce en un momento de alta tensión para las fuerzas estadounidenses, con la guerra contra Irán y la presión en el estrecho de Ormuz, y con el Pentágono preparándose desde hace tiempo para un eventual conflicto de gran escala con potencias como China o Rusia. El Ejército no vinculó el simulacro con ninguna amenaza concreta y lo presenta como parte de su preparación para operaciones de combate a gran escala.
La tercera fase de Dragon Covenant está prevista para la primavera de 2027. Según Army Times, sumará seguridad, instalaciones médicas y un punto de recolección de asuntos mortuorios, para probar toda la cadena: desde que un soldado cae en combate hasta que sus restos quedan registrados y protegidos, a la espera de volver a casa.
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