Irán amenaza con atacar los siete cables de internet que pasan bajo el estrecho de Ormuz
La Guardia Revolucionaria calificó los cables submarinos de datos como “nuevos objetivos legítimos” si la guerra con Estados Unidos escala. Por ellos viaja buena parte del internet de los países del Golfo.
El estrecho de Ormuz ya no solo preocupa por el petróleo. La Guardia Revolucionaria de Irán puso en la mira algo que no se ve desde la superficie: los cables submarinos de fibra óptica que cruzan el fondo del estrecho y que llevan buena parte del tráfico de internet y de datos financieros de los países del Golfo. Según sus portavoces, son siete los cables principales que pasan por esa franja de mar, y Teherán dice que podrían convertirse en blanco si la guerra con Estados Unidos vuelve a escalar.
Qué dijo la Guardia Revolucionaria
El portavoz del cuerpo, el general Hossein Mohebbi, calificó esas líneas de comunicación como “nuevos objetivos legítimos” para una eventual nueva fase del conflicto, según recogieron el diario británico The Telegraph y la agencia turca Anadolu el 20 de octubre de 2026. En la misma intervención advirtió que Irán presentará “nuevos objetivos y nuevas armas”, sin dar más detalles.
Un día después, el miércoles 21 de octubre, otro alto mando de la Guardia, el general Yadollah Javani, repitió la idea en la televisión estatal iraní. Según Fox News, Javani habló de “siete cables principales” bajo el estrecho y afirmó que dañarlos causaría graves perjuicios a Estados Unidos y a sus aliados regionales. También sostuvo que Irán respondería con fuerza si Washington ataca su infraestructura.
Un funcionario iraní, que habló con The Telegraph sin dar su nombre, aseguró que la posibilidad de cortar los cables se discutió durante la guerra, pero que nunca llegó a ordenarse. Según esa fuente, sigue siendo una opción si el presidente Donald Trump decide escalar.
Por qué importan esos cables
Más del 95 % del tráfico internacional de datos del mundo viaja por cables submarinos, no por satélites. En la zona de Ormuz y del golfo Pérsico pasan sistemas como AAE-1 (Asia-África-Europa 1), FALCON y Gulf Bridge International, que conectan a países como Omán, Emiratos Árabes Unidos, Catar y Arabia Saudita con Asia, África y Europa. Por ellos circulan llamadas, servicios en la nube, operaciones bancarias y comunicaciones de empresas y gobiernos.
Un corte simultáneo no apagaría internet en el mundo, porque la red tiene rutas alternativas, pero sí podría provocar conexiones lentas e intermitentes en el Golfo, retrasos en transacciones financieras y un aumento de la presión sobre otras rutas. El profesor Alessio Patalano, especialista en estrategia naval del King’s College de Londres, dijo a The Telegraph que la amenaza es técnicamente creíble, aunque aclaró que no se trata de algo que se active con solo apretar un botón.
Reparar un cable submarino tampoco es sencillo: exige barcos especializados que localicen el tramo dañado, lo suban a la superficie y lo empalmen. En una zona de guerra, con minas y ataques a buques, ese trabajo puede tardar semanas o meses.
Una guerra que se libra también en el mar
La advertencia llega en un momento de máxima tensión en Ormuz. Irán mantiene el estrecho prácticamente cerrado al tráfico comercial desde hace meses, en el marco de la guerra que comenzó a finales de febrero de 2026 con la ofensiva de Estados Unidos e Israel. En los últimos días se han reportado petroleros dañados por minas y proyectiles en la zona, y Teherán insiste en que no reabrirá el paso mientras Washington no acepte sus condiciones.
No es la primera vez que Irán apunta a los cables. En los meses anteriores, distintos funcionarios iraníes habían planteado cobrar tarifas a las empresas dueñas de los cables que cruzan sus aguas. La diferencia ahora es el tono: ya no se habla de cobrar, sino de considerarlos objetivos militares.
Qué puede pasar ahora
Por ahora se trata de una advertencia y no hay reportes de daños en los cables. Estados Unidos e Irán siguen tanteando una salida negociada con la mediación de Catar y Pakistán, mientras en Washington y Tel Aviv se discute la posibilidad de nuevos ataques. Para los países del Golfo, que han invertido miles de millones en convertirse en centros digitales y financieros, la amenaza es un recordatorio de que su conexión con el mundo depende de unos pocos cables en el fondo de un estrecho muy disputado.
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