Las Cruzadas: resumen, causas, fechas y consecuencias
Durante casi dos siglos, ejércitos europeos marcharon hacia Tierra Santa para conquistar Jerusalén. Te explicamos por qué empezaron, cómo terminaron y qué huella dejaron en América Latina.
Las Cruzadas fueron una serie de expediciones militares y religiosas organizadas por la cristiandad europea, con el respaldo de los papas, para conquistar Jerusalén y otros lugares de Tierra Santa que estaban bajo dominio musulmán. Las principales ocurrieron entre 1095 y 1291, y por lo general se cuentan ocho o nueve. Empezaron con una gran victoria cristiana, pero terminaron en fracaso: en 1291 cayó Acre, el último gran bastión cruzado en la región.
Por qué empezaron las Cruzadas
A finales del siglo XI, el Imperio bizantino, cristiano y con capital en Constantinopla, estaba bajo fuerte presión de los turcos selyúcidas. En marzo de 1095, enviados del emperador Alejo I Comneno se presentaron ante el papa Urbano II en el concilio de Piacenza, en Italia, para pedir ayuda militar.
El papa fue mucho más allá de esa petición. El 27 de noviembre de 1095, en el concilio de Clermont, en Francia, llamó a los cristianos a marchar hacia Oriente y a recuperar Jerusalén, y prometió beneficios espirituales a quienes participaran. La respuesta superó lo que se esperaba: Alejo había pedido soldados profesionales, pero también se pusieron en camino campesinos y gente pobre.
Los motivos de quienes partieron fueron variados. Pesaron la fe y el deseo de ganar el perdón de los pecados, pero también la búsqueda de tierras, riqueza y prestigio. Y el papado aprovechó la ocasión para reforzar su autoridad sobre los reyes y nobles de Europa.
Cuáles fueron las Cruzadas principales
Primera Cruzada (1096-1099): fue la única que logró su objetivo principal. Antes de que partiera el grueso de los caballeros, grupos de cruzados atacaron comunidades judías en ciudades alemanas del valle del Rin, en 1096. El 15 de julio de 1099, los cruzados tomaron Jerusalén con una gran matanza de sus habitantes. Luego fundaron varios estados en la costa de Siria y Palestina, conocidos como estados cruzados, entre ellos el Reino de Jerusalén, cuyo primer rey fue Balduino I, en 1100.
Segunda Cruzada (1147-1149): se organizó para reforzar a esos estados cruzados, que estaban perdiendo terreno. Fracasó, y su golpe más duro fue el sitio fallido de Damasco, en julio de 1148.
Tercera Cruzada (1189-1192): se le llama la Cruzada de los Reyes porque la encabezaron tres monarcas europeos, entre ellos Ricardo Corazón de León, de Inglaterra. Nació como respuesta a la mayor derrota cristiana hasta entonces. El sultán Saladino venció a los cruzados en la batalla de Hattin, en julio de 1187, y el 2 de octubre de ese año recibió la rendición de Jerusalén. Los cruzados recuperaron Acre en 1191, pero no la Ciudad Santa. La guerra acabó con una tregua en 1192: Jerusalén siguió en manos musulmanas y se permitió la entrada de peregrinos cristianos.
Cuarta Cruzada (1202-1204): debía llegar a Tierra Santa a través de Egipto, pero se desvió hacia Constantinopla, una ciudad cristiana, que los cruzados saquearon en abril de 1204. Allí fundaron un Imperio latino que duró unos 60 años, y el episodio ahondó la división entre católicos y ortodoxos.
Sexta Cruzada (1228-1229): es la más curiosa, porque se resolvió con diplomacia. El emperador Federico II firmó en febrero de 1229 un acuerdo con el sultán Al-Kamil que devolvió Jerusalén a los cristianos, salvo la zona del Templo, que siguió bajo control musulmán. Ese dominio cristiano duró solo 15 años.
Séptima y Octava Cruzadas (1248-1254 y 1270): las dirigió el rey Luis IX de Francia. En la primera atacó Egipto, fue derrotado y cayó prisionero en 1250. En la segunda desembarcó en Túnez, en el norte de África, donde murió de enfermedad en agosto de 1270. Algunos historiadores numeran estas campañas de otra manera, por eso el total varía según la fuente.
Cómo terminaron
Mientras Europa perdía interés, surgió en Egipto una nueva potencia musulmana: los mamelucos. Bajo el sultán Baibars fueron tomando una a una las fortalezas cruzadas, entre ellas el Krak de los Caballeros, en Siria, que cayó en 1271. Ese castillo, que aparece en la foto de este artículo, estuvo más de un siglo en manos de la Orden del Hospital y hoy es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.
El final llegó el 18 de mayo de 1291, cuando los mamelucos conquistaron Acre. Los supervivientes huyeron a Chipre y los estados cruzados desaparecieron del mapa. La idea de cruzada, sin embargo, siguió viva durante siglos, también contra otros enemigos y en otras tierras.
Qué consecuencias dejaron
Las Cruzadas dejaron un balance duro: guerras durante casi dos siglos, ciudades arrasadas y comunidades enteras de musulmanes, judíos y cristianos orientales convertidas en víctimas. También fueron un golpe muy grave para el Imperio bizantino, que solo recuperó Constantinopla en 1261, más de medio siglo después del saqueo.
También cambiaron el equilibrio del comercio en el Mediterráneo. Venecia, que construyó la flota de la Cuarta Cruzada por contrato, obtuvo tras el reparto de 1204 una posición de ventaja en las rutas de la región, base de su poder comercial. Aun así, los historiadores debaten hasta dónde llegó ese efecto, de modo que conviene no exagerarlo.
Qué tienen que ver con América Latina
Más de lo que parece. En la península ibérica, los papas dieron a las guerras contra los reinos musulmanes un carácter de cruzada, con las mismas recompensas espirituales que a quienes iban a Tierra Santa. La batalla de las Navas de Tolosa, en 1212, se libró con ese respaldo del papa Inocencio III. Y Granada, el último reino musulmán de la península, se rindió el 2 de enero de 1492, el mismo año del primer viaje de Cristóbal Colón.
Esa mentalidad cruzó el Atlántico. La antropóloga Carol Delaney sostiene, a partir de los escritos del propio Colón, que el navegante buscaba oro para financiar la recuperación de Jerusalén, aunque otros autores ven en esa idea sobre todo un argumento para conseguir apoyo. Y hay una huella muy concreta: la bula de la Santa Cruzada, un documento que concedía privilegios espirituales a cambio de limosnas, se vendió en las colonias españolas. Según un estudio publicado en la revista Historia Mexicana, a finales del siglo XVI llegó a ser la quinta fuente de ingresos más rentable de la Corona en la Nueva España.
Un perdón que tardó casi 800 años
El 4 de mayo de 2001, durante una visita a Atenas, el papa Juan Pablo II pidió perdón a los cristianos ortodoxos por los pecados cometidos contra ellos, y mencionó el saqueo de Constantinopla. En 2004, a los 800 años de aquel ataque, el patriarca ortodoxo Bartolomé I aceptó el gesto. La herida de una sola cruzada tardó ocho siglos en recibir una respuesta.
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