Chiíes y suníes: qué son, sus diferencias y por qué se enfrentan, explicado
Las dos grandes ramas del islam se separaron por una disputa sobre quién debía suceder a Mahoma. Te explicamos en qué se diferencian, dónde viven y por qué esa división sigue pesando en Medio Oriente.
Suníes y chiíes son las dos grandes ramas del islam. Comparten lo esencial de la fe —un solo Dios, el profeta Mahoma y el Corán—, pero se separaron por una pregunta política hecha hace casi 1.400 años: quién debía guiar a los musulmanes tras la muerte del profeta. Hoy los suníes son la gran mayoría, cerca del 87 al 90 % de los musulmanes del mundo, y los chiíes, entre el 10 y el 13 %, según estimaciones del centro Pew.
¿Por qué se dividieron suníes y chiíes?
Todo empezó en el año 632, cuando murió Mahoma sin que hubiera una regla clara para elegir a su sucesor. Un grupo de sus compañeros eligió como líder, o califa, a Abu Bakr, amigo cercano y suegro del profeta. Otro grupo creía que el mando debía quedar en la familia de Mahoma y que le correspondía a Alí, su primo y yerno, casado con su hija Fátima.
Quienes aceptaron la elección de la comunidad terminaron llamándose suníes, de “sunna”, la tradición o el camino del profeta. Los partidarios de Alí fueron conocidos como “shiat Alí”, el partido de Alí, y de ahí viene la palabra chiíes. Alí llegó a ser califa, pero recién como el cuarto, y su gobierno estuvo marcado por guerras internas hasta que fue asesinado en el año 661.
El momento que convirtió la disputa política en una herida religiosa fue la batalla de Karbala, en el actual Irak, el 10 de octubre del año 680. Allí, el ejército del califa omeya Yazid I derrotó a un pequeño grupo encabezado por Husein, hijo de Alí y nieto de Mahoma, que murió en el combate junto con la mayoría de sus acompañantes. Para los chiíes, Husein es el gran símbolo del sacrificio frente a la injusticia, y cada año recuerdan su muerte en la jornada de duelo de la Ashura.
¿Qué diferencias hay entre suníes y chiíes?
La diferencia central es la autoridad religiosa. Los suníes no tienen una jerarquía de clérigos tan marcada: sus líderes religiosos, los ulemas, interpretan la ley islámica a partir del Corán y de la tradición del profeta, y sus cuatro grandes escuelas de derecho conviven sin un jefe único.
Los chiíes, en cambio, creen que Dios eligió a una línea de guías, los imanes, todos descendientes de Alí, a quienes consideran sin error en materia de fe. La rama más numerosa, la de los duodecimanos, reconoce a 12 imanes y sostiene que el último, conocido como el Mahdi, no murió sino que se ocultó en el siglo IX y volverá al final de los tiempos. Mientras tanto, a los clérigos de mayor rango, como los ayatolás, se les da una autoridad que no tiene equivalente entre los suníes.
También hay diferencias en la práctica. Los chiíes peregrinan a los santuarios de sus imanes, como los de Karbala y Nayaf en Irak o el de Mashhad en Irán, y suelen agrupar las cinco oraciones diarias en tres momentos. Aun así, ambos grupos rezan hacia La Meca, ayunan en el mes de Ramadán y comparten la peregrinación anual a esa ciudad. Muchos musulmanes, de hecho, no se definen por ninguna de las dos ramas: en una encuesta de Pew, el 56 % de los musulmanes de Indonesia dijo ser “solo musulmán”.
¿Dónde viven los chiíes y dónde los suníes?
Los suníes son mayoría en casi todo el mundo islámico: Arabia Saudita, Egipto, Turquía, Pakistán, Indonesia —el país con más musulmanes del planeta— y el norte de África. Los chiíes son mayoría en pocos países, pero estratégicos: Irán, donde entre el 90 y el 95 % de los musulmanes lo son; Irak, Baréin y Azerbaiyán. En el Líbano forman una de las comunidades más grandes, y en Yemen, Arabia Saudita, Pakistán y Afganistán hay minorías chiíes importantes.
Irán es el centro del chiismo político desde la revolución de 1979, que puso al frente del Estado a un líder religioso chií. Arabia Saudita, cuna del islam y guardiana de La Meca y Medina, se presenta como la gran potencia suní. La rivalidad entre ambos países marca buena parte de la política de Medio Oriente.
¿Por qué se enfrentan hoy?
Durante siglos, suníes y chiíes han convivido en barrios, familias y matrimonios mixtos, y muchos expertos subrayan que la mayoría de los conflictos actuales tienen más de lucha por el poder que de teología. La religión funciona a menudo como una bandera que los gobiernos y los grupos armados usan para ganar apoyo.
El caso más claro es la competencia entre Irán y Arabia Saudita. Ambos han respaldado a bandos rivales en guerras como las de Siria y Yemen, donde los hutíes, de una rama chií llamada zaidí, combaten a un gobierno apoyado por Riad. Irán también financia y arma a la milicia libanesa Hezbolá y a grupos chiíes en Irak. Del otro lado, grupos extremistas suníes como Al Qaeda y el Estado Islámico han atacado a civiles chiíes por considerarlos herejes.
En 2016, Arabia Saudita rompió relaciones con Irán después de que manifestantes iraníes atacaran sus sedes diplomáticas, en protesta por la ejecución del clérigo chií saudí Nimr al Nimr. Siete años después, en marzo de 2023, ambos países acordaron restablecer sus embajadas en un pacto negociado en Pekín con mediación de China. El deshielo, sin embargo, no borró la desconfianza mutua.
¿Qué tiene que ver con América Latina?
Aunque el islam es minoritario en la región, la división también llegó aquí con la inmigración árabe, sobre todo libanesa y siria, desde fines del siglo XIX. Hay comunidades suníes y chiíes en Argentina, Brasil, Venezuela, Colombia y la zona de la Triple Frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay.
La mezquita más grande de América Latina, el Centro Cultural Islámico Rey Fahd de Buenos Aires, fue construida con fondos del gobierno saudí en terrenos donados por el Estado argentino e inaugurada en el año 2000. Pero el episodio más doloroso ocurrió en esa misma ciudad: el atentado contra la mutual judía AMIA en 1994, que dejó 85 muertos. En abril de 2024, la Cámara Federal de Casación Penal de Argentina concluyó que el ataque fue decidido por el gobierno de Irán y ejecutado por Hezbolá; Irán siempre ha negado cualquier participación.
Un dato para cerrar
La pelea por la sucesión de Mahoma ocurrió en el siglo VII, pero sigue muy viva: cada año, millones de peregrinos chiíes caminan hasta Karbala para recordar la muerte de Husein, en una de las mayores concentraciones religiosas del mundo. Entender esa vieja disputa ayuda a leer las noticias de hoy sobre Irán, Irak, el Líbano o Yemen, donde una diferencia nacida hace casi 14 siglos todavía se mezcla con la política y la guerra.
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