¿Por qué sube el precio del petróleo? Lo que mueve el barril, explicado
Guerras, recortes de la OPEP+, inventarios y el dólar: estas son las fuerzas que suben o bajan el barril, y la razón por la que eso termina en lo que pagas por la gasolina y la comida.
El precio del petróleo sube, sobre todo, cuando el mundo teme que falte crudo o cuando consume más del que se produce. Guerras en zonas petroleras, recortes de producción de la OPEP+, inventarios bajos y una economía que crece rápido empujan el barril hacia arriba; una recesión o un exceso de oferta lo hunden. Y como casi todo se transporta con derivados del petróleo, ese precio termina en la gasolina, el pasaje del bus y la comida.
¿Quién pone el precio del petróleo?
Nadie lo fija con un decreto. El precio se forma en mercados internacionales donde productores, refinerías, aerolíneas, bancos y fondos de inversión compran y venden contratos de crudo para entregar en el futuro. Cada día, millones de esas operaciones reflejan lo que el mercado cree que pasará con la oferta y la demanda en las próximas semanas y meses.
Hay dos referencias principales. El Brent, crudo extraído del mar del Norte, entre el Reino Unido y Noruega, es el que se usa como guía para la mayor parte del petróleo que se vende en el mundo. El WTI (West Texas Intermediate) es el crudo de referencia de Estados Unidos y se entrega en Cushing, Oklahoma. Ambos se cotizan en dólares por barril, una medida de unos 159 litros.
El mundo consume muchísimo: según la Agencia Internacional de Energía (AIE), la demanda global rondó los 104 millones de barriles diarios en 2025. Como la producción no se puede subir ni bajar de un día para otro, un desequilibrio pequeño, de uno o dos millones de barriles, basta para mover el precio con fuerza.
Las razones por las que sube
La primera es la oferta. Cuando la OPEP y sus aliados de la OPEP+, como Rusia, acuerdan bombear menos, hay menos crudo disponible y el precio tiende a subir. Lo mismo pasa cuando un gran productor queda fuera del mercado por sanciones, huracanes, huelgas o ataques a sus instalaciones.
La segunda es la geopolítica. El mercado reacciona no solo a lo que pasa, sino a lo que podría pasar. Un buen ejemplo es el estrecho de Ormuz, entre Irán y Omán: según la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA), por ahí pasaron en 2024 unos 20 millones de barriles diarios, cerca de una quinta parte del consumo mundial. Cualquier amenaza a esa ruta dispara el precio, aunque todavía no falte ni una gota.
La tercera es la demanda. Cuando las economías crecen, las fábricas producen más, se vende más mercancía y se viaja más, y todo eso requiere combustible. Lo contrario también funciona: en las crisis, el consumo cae y el barril se abarata.
La cuarta son los inventarios. Países y empresas guardan crudo en tanques y en reservas estratégicas. Cada semana, la EIA publica cuánto petróleo hay almacenado en Estados Unidos; si las reservas bajan más de lo esperado, el mercado lo lee como señal de escasez y el precio suele subir.
Por último, influyen el dólar y la especulación. Como el petróleo se paga en dólares, un dólar más débil suele hacerlo más barato para quienes compran con otras monedas, lo que anima la demanda. Y los fondos de inversión que apuestan a futuro pueden amplificar las subidas y las bajadas.
Los grandes saltos de la historia
En octubre de 1973, durante la guerra del Yom Kipur, los países árabes productores cortaron sus envíos a Estados Unidos y a otros aliados de Israel. En pocos meses, el barril pasó de menos de 3 dólares a más de 12, es decir, se cuadruplicó. Aquel embargo, levantado en marzo de 1974, provocó filas en las gasolineras e inflación en medio mundo.
En julio de 2008, empujado por la fuerte demanda de China y otras economías emergentes, el Brent llegó a rozar los 147 dólares, su récord histórico. Pocos meses después, con la crisis financiera mundial, se desplomó por debajo de 40.
El caso más extraño ocurrió el 20 de abril de 2020. Con la pandemia, aviones en tierra y ciudades en cuarentena, sobraba tanto petróleo que no quedaba espacio para guardarlo, y el WTI cerró en negativo, por debajo de -37 dólares: por unas horas, los vendedores pagaban para que alguien se llevara su crudo.
Dos años después, la invasión rusa de Ucrania llevó el Brent a unos 139 dólares en marzo de 2022, el nivel más alto desde 2008. Y en 2026, la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y los ataques a barcos en Ormuz volvieron a poner el barril por encima de los 100 dólares, en lo que la AIE describió como la mayor interrupción del suministro de su historia.
¿Por qué la gasolina no baja tan rápido como sube?
El precio del crudo es solo una parte de lo que se paga en la bomba. A eso se suman el costo de refinarlo, el transporte, el margen de las estaciones de servicio y, sobre todo, los impuestos o los subsidios de cada país. Por eso, un mismo barril se traduce en precios muy distintos en cada lugar.
Además, las refinerías y distribuidoras compran el combustible con semanas de anticipación, de modo que los cambios tardan en llegar al consumidor. Los economistas llaman a este fenómeno «cohete y pluma»: los precios suben como un cohete y bajan como una pluma, porque las empresas trasladan rápido los aumentos y más despacio las rebajas.
¿Cómo afecta a América Latina?
La región vive el petróleo caro de dos maneras. Para los países que lo exportan, como Brasil, México, Colombia, Ecuador, Venezuela, Guyana y Argentina, un barril alto significa más ingresos para el Estado y las empresas, y más dólares que entran a la economía. Por eso, sus presupuestos públicos suelen calcularse con un precio estimado del crudo.
Para los que lo importan casi todo, como buena parte de Centroamérica y el Caribe, Chile, Uruguay o Paraguay, es al revés: el combustible encarece el transporte, la electricidad que se genera con diésel y los alimentos, y eso se nota en la inflación. Incluso en países productores, el golpe puede llegar si importan gasolina refinada o si los subsidios a los combustibles se vuelven demasiado costosos para el presupuesto.
Por eso, decisiones tomadas en Viena, sede de la OPEP, o hechos ocurridos en el golfo Pérsico pueden cambiar en pocas semanas lo que paga una familia en Lima, Tegucigalpa o Santo Domingo por llenar el tanque o por un kilo de tomates.
Un dato para terminar
Aunque los 12 dólares de 1974 parecen poco, ajustados por la inflación equivalen a decenas de dólares de hoy. Desde entonces, cada gran subida del petróleo, en 1973, en 1979 y en 2008, llegó acompañada o seguida de una recesión mundial, y por eso gobiernos y bancos centrales miran el precio del barril casi tanto como el del dólar.
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