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Cuatro meses después del terremoto en Venezuela, una madre sigue buscando a su hijo entre los escombros

Eilyn Solano lleva más de cien días viviendo en una carpa junto al edificio que se derrumbó en La Guaira. El Gobierno no ha publicado una cifra de desaparecidos.

Por Redacción Datos Interesantes 3 min de lectura
Imagen satelital tomada el 2 de agosto de 2026 sobre la zona de Caraballeda, en el estado La Guaira, en la costa norte de Venezuela.
Imagen satelital tomada el 2 de agosto de 2026 sobre la zona de Caraballeda, en el estado La Guaira, en la costa norte de Venezuela. Foto: Wyvern Inc. / Wikimedia Commons, CC BY 4.0

Hace más de cien días que Eilyn Solano no se aleja de un mismo pedazo de terreno en el estado La Guaira, en la costa norte de Venezuela. Allí duerme y come, dentro de una pequeña carpa, a pocos metros del edificio de viviendas que se vino abajo el 24 de junio de 2026. Su razón es una sola: encontrar a Jhoniel José Morales, su hijo de 11 años, de quien no sabe nada desde aquella tarde.

Qué pasó

El 24 de junio, poco después de las seis de la tarde, dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron el norte de Venezuela con apenas 39 segundos de diferencia. Fueron los sismos más fuertes registrados en el país en más de un siglo, según el Servicio Geológico de Estados Unidos, y el estado La Guaira, entre el mar Caribe y la montaña que lo separa de Caracas, fue el más golpeado. Solo en Caraballeda se derrumbaron decenas de edificios.

La historia de la familia Solano la reconstruyó CNN en Español en un reportaje publicado el 19 de octubre. El edificio donde vivían, una de las torres levantadas por programas de vivienda del Estado, se partió y cayó sobre una cancha deportiva. La hija mayor de Eilyn, de 15 años, sobrevivió. Su otra hija, Mariangel, de 12, murió en el derrumbe. De Jhoniel no se ha encontrado ningún rastro.

Según el relato de la familia, cerca de diez parientes se organizaron para buscar por su cuenta: entraron por túneles y grietas de la estructura y ayudaron a recuperar los restos de más de 17 personas. Entre las ruinas encontraron además el cuarto de control de las cámaras de seguridad. En uno de los videos, aseguran, se ve al niño salir del edificio pocos minutos antes del terremoto. Por eso ampliaron la búsqueda a hospitales, refugios, morgues y cementerios entre La Guaira y Caracas.

Una búsqueda que sigue sin respuestas

El último balance oficial de víctimas se divulgó el 24 de agosto, cuando se cumplían dos meses de la tragedia: 6.509 fallecidos, según el boletín difundido por el Gobierno de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, y recogido por medios como El Diario y La Tribuna. Ese mismo informe hablaba de más de 6.400 personas rescatadas y de más de 60.000 viviendas evaluadas, de las cuales unas 11.000 fueron consideradas de alto riesgo.

Lo que no existe es una cifra pública de desaparecidos. CNN afirma que pidió ese dato al Gobierno y no recibió respuesta. En varios conjuntos residenciales de Caraballeda, como Residencias Caribe, los propios vecinos llevan un registro hecho a mano, con apoyo de bomberos y voluntarios, de las personas que creen que siguen bajo el concreto. Una de ellas, Nayibe Geromes, busca a su madre y reconoce que, a estas alturas, lo que espera encontrar son restos.

Mientras tanto, la zona intenta volver a cierta normalidad. Hay más maquinaria y personal militar retirando escombros, algunos comercios han reabierto y el año escolar empezó a mediados de septiembre, en parte en aulas instaladas dentro de carpas. Los familiares de los desaparecidos, en cambio, dicen que su vida sigue detenida en el 24 de junio.

Por qué importa

La Guaira ya vivió una tragedia parecida. En diciembre de 1999, los deslaves del entonces estado Vargas dejaron miles de muertos, y la familia Solano estuvo entre los sobrevivientes. Que la misma región vuelva a sufrir una catástrofe de esta escala reabre preguntas sobre cómo se construye y se vigila la vivienda en zonas de alto riesgo sísmico, un problema que comparten muchas ciudades de América Latina asentadas entre montañas y costas.

El caso también muestra un vacío frecuente después de los grandes desastres: cuando pasan las semanas de emergencia, la atención se va, pero muchas familias siguen sin poder cerrar el duelo porque no saben dónde están los suyos. Sin un registro oficial de desaparecidos, el trabajo de búsqueda depende en buena parte de la solidaridad de vecinos y voluntarios.

Qué puede venir

La familia de Jhoniel pide a las autoridades y a la población que sigan difundiendo su foto y aporten cualquier dato que ayude a encontrarlo. Las organizaciones de vecinos, por su parte, reclaman información detallada sobre las personas que siguen sin aparecer y sobre el destino de los cuerpos sin identificar. Cuatro meses después del doble terremoto, esa sigue siendo la deuda pendiente en La Guaira.

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