Kenia condena a 200 años de cárcel al pastor que hizo ayunar hasta la muerte a sus fieles
El tribunal de Mombasa le impuso la pena por la muerte de 191 personas, 190 de ellas niños, en el bosque de Shakahola. La Fiscalía pedía la pena de muerte.
Un tribunal de Kenia condenó este viernes 6 de noviembre de 2026 al pastor Paul Nthenge Mackenzie a 200 años de prisión por la muerte de 191 personas, entre ellas 190 niños. Es la sentencia más dura del caso conocido como la masacre de Shakahola, en el que cientos de seguidores de su iglesia murieron de hambre en un bosque de la costa keniana después de que él les dijera que ayunar hasta la muerte era el camino para encontrarse con Dios.
La decisión llegó tres semanas después de que el mismo tribunal lo declarara culpable, el 19 de octubre, junto con otros 28 acusados. La Fiscalía había pedido la pena de muerte para él y cadena perpetua para sus colaboradores, pero la jueza optó por penas de prisión que, en la práctica, lo mantendrán encerrado el resto de su vida.
Cómo se calcularon los 200 años
La sentencia la dictó la jueza Diana Kavedza, del Tribunal Superior de Mombasa. Según el reporte de Pulse Kenya y de la agencia AP, la magistrada dividió los crímenes en dos grupos. Por las 183 víctimas que murieron de inanición, 182 niños y un adulto, impuso 100 años de cárcel por cada caso, cumplidos de forma simultánea. Por las otras ocho muertes, todas de niños, que el tribunal calificó como homicidio directo, fijó otros 100 años por cada una, también simultáneos entre sí.
Los dos bloques se suman uno detrás del otro, y de ahí salen los 200 años. En su fallo, la jueza sostuvo que Mackenzie tiene la principal culpabilidad penal por haber trasladado a sus seguidores a un lugar remoto y haberles ordenado ayunar hasta morir. También describió los asesinatos como fríos y calculados, y rechazó el argumento de la defensa de que las víctimas, todas menores de 16 años en el caso de los niños, habían ayunado por voluntad propia.
Qué pasó en el bosque de Shakahola
Mackenzie dirigía la Good News International, una iglesia que predicaba que el fin del mundo estaba cerca. Entre 2021 y 2023 convenció a cientos de personas de mudarse a un terreno de unas 320 hectáreas en el bosque de Shakahola, en el condado de Kilifi, cerca de la ciudad turística de Malindi. Allí, según la investigación, los fieles eran obligados a dejar de comer, empezando por los niños.
El caso salió a la luz en abril de 2023, cuando la policía encontró a varios seguidores en estado grave y comenzó a excavar. En las semanas siguientes se exhumaron más de 400 cuerpos de fosas poco profundas, lo que lo convirtió en uno de los peores casos de muertes vinculadas a una secta en la historia reciente. Muchos de esos cuerpos siguen sin identificar; algo más de 60 fueron reconocidos y entregados a sus familias para ser enterrados de nuevo.
Los otros condenados
Junto a Mackenzie fueron juzgados 28 seguidores que, según la Fiscalía, cumplían distintas tareas dentro del grupo: desde ancianos de la comunidad y guardias que vigilaban que nadie rompiera el ayuno, hasta cocineros y sepultureros que ayudaron a esconder las tumbas. Todos negaron los cargos, salvo uno, Enos Amanya Ngala, que se declaró culpable de los 191 asesinatos y pidió clemencia.
Entre los castigos más altos está el del pastor asistente Smart Mwakalama, condenado a 160 años. De acuerdo con AP, durante la lectura de la sentencia Mackenzie sonreía y conversaba con él en el banquillo. La jueza señaló que los acusados no mostraron arrepentimiento e incluso habían dicho que estaban dispuestos a ayunar hasta la muerte ellos mismos.
Lo que todavía le espera
La condena de este viernes no cierra todos los frentes judiciales de Mackenzie. El pastor sigue enfrentando cargos por terrorismo, abuso infantil y tortura en otros dos tribunales de Kenia. La Fiscalía también lo acusa de haber dirigido, desde la cárcel, la muerte de 52 personas en la aldea de Kwa Binzaro, un caso por el que se declaró inocente.
El caso Shakahola abrió en Kenia un debate que sigue vigente sobre cómo controlar a las iglesias y grupos religiosos que operan sin supervisión. El país tiene miles de congregaciones registradas, y tras la masacre el gobierno prometió endurecer las reglas para impedir que otro líder religioso pueda llevar a cientos de personas a la muerte sin que nadie lo detenga a tiempo.
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