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Biografía de Napoleón Bonaparte: quién fue, sus guerras, su caída y su huella en América

Nació en Córcega, se coronó emperador de los franceses y llegó a dominar casi toda Europa antes de morir desterrado en una isla del Atlántico Sur. Esta es su vida y la huella que dejó en América Latina.

Por Redacción Datos Interesantes Dirección: Armando Loza 5 min de lectura
Napoleón, en un detalle de La coronación, el gran cuadro que Jacques-Louis David pintó entre 1805 y 1807 y que hoy está en el Museo del Louvre.
Napoleón, en un detalle de La coronación, el gran cuadro que Jacques-Louis David pintó entre 1805 y 1807 y que hoy está en el Museo del Louvre. Foto: Jacques-Louis David / Wikimedia Commons, Dominio público

Napoleón Bonaparte (1769-1821) fue un militar y gobernante francés que llegó al poder tras la Revolución Francesa y se coronó emperador de los franceses en 1804. Ganó decenas de batallas, dominó gran parte de Europa y creó un Código Civil que sirvió de base a las leyes de muchos países. Fue derrotado de forma definitiva en Waterloo, en 1815, y murió desterrado en la isla de Santa Elena.

Infancia y primeros años

Nació el 15 de agosto de 1769 en Ajaccio, en la isla de Córcega, que la República de Génova había cedido a Francia apenas un año antes. Su familia pertenecía a la pequeña nobleza corsa y su nombre original era Napoleone Buonaparte. De niño hablaba corso e italiano, y aprendió el francés en la escuela.

A los nueve años lo enviaron a estudiar a Francia continental: primero a la escuela militar de Brienne y después a la Escuela Militar de París. En 1785, con solo 16 años, se graduó como oficial de artillería. Destacaba en matemáticas y era un lector incansable de historia.

De oficial desconocido a dueño de Francia

La Revolución Francesa, iniciada en 1789, abrió la carrera militar a jóvenes con talento aunque no fueran de la alta nobleza. Napoleón se hizo notar en 1793 en el sitio de Toulon, un puerto ocupado por los británicos, donde dirigió la artillería con tanto éxito que fue ascendido a general de brigada a los 24 años.

En marzo de 1796 se casó con Josefina de Beauharnais, una viuda de la alta sociedad parisina, y pocos días después tomó el mando del ejército de Italia, donde derrotó una y otra vez a los austríacos. Esas victorias lo convirtieron en el general más famoso del país.

En 1798 encabezó una expedición a Egipto para amenazar las rutas británicas hacia la India. En lo militar terminó mal, pero llevó consigo a más de 150 científicos y dibujantes, y durante esa campaña soldados franceses hallaron la piedra de Rosetta, que años después permitió descifrar los jeroglíficos.

De vuelta en París, el 9 de noviembre de 1799 (18 de brumario, según el calendario revolucionario) dio un golpe de Estado y se convirtió en primer cónsul, es decir, en el verdadero gobernante de Francia.

El emperador: reformas y guerras

Como cónsul hizo cambios que siguen presentes. En 1801 firmó con el papa el Concordato, que cerró el choque entre la Revolución y la Iglesia católica. En 1802 creó la Legión de Honor, todavía la máxima condecoración francesa. Reorganizó la administración, las finanzas y la educación, y en 1804 promulgó el Código Civil, que consagró la igualdad de los ciudadanos ante la ley, la libertad de trabajo y la protección de la propiedad. Al mismo tiempo, limitó la libertad de prensa y en 1802 restableció la esclavitud en las colonias francesas.

El 2 de diciembre de 1804, en la catedral de Notre Dame de París y ante el papa Pío VII, se coronó emperador de los franceses. Según el relato tradicional, él mismo se colocó la corona.

Exactamente un año después, el 2 de diciembre de 1805, logró su victoria más célebre, en Austerlitz, contra Austria y Rusia. En el mar, en cambio, los británicos destruyeron la flota francesa y española en Trafalgar, en octubre de ese mismo año, y conservaron el dominio de los océanos. En pocos años, Napoleón controlaba casi toda Europa occidental y central, directamente o a través de aliados y de hermanos a los que nombró reyes.

Como Josefina no le dio hijos, se divorció de ella y en 1810 se casó con María Luisa de Austria, hija del emperador austríaco. En 1811 nació su único hijo legítimo, a quien dio el título de rey de Roma.

La caída: Rusia, Waterloo y Santa Elena

Su gran error llegó en junio de 1812, cuando invadió Rusia con la Grande Armée, un ejército de cientos de miles de soldados de Francia y de sus países aliados. Los rusos se retiraron sin aceptar una batalla decisiva hasta Borodinó, en septiembre, y fueron dejando tierra arrasada. Napoleón entró en Moscú, pero encontró la ciudad casi vacía y en llamas. La retirada, en pleno invierno, con hambre, frío y ataques constantes, destruyó a su ejército: solo una pequeña parte de los soldados salió de Rusia.

Sus enemigos se unieron y lo vencieron en Leipzig, en octubre de 1813. En abril de 1814 abdicó y fue enviado a la isla de Elba, en el Mediterráneo. Escapó, desembarcó en Francia el 1 de marzo de 1815 y recuperó el poder durante el periodo conocido como los Cien Días. El 18 de junio de 1815 fue derrotado para siempre en Waterloo, en la actual Bélgica, por británicos y prusianos.

Los británicos lo desterraron a Santa Elena, una isla remota del Atlántico Sur, a unos 1.900 kilómetros de la costa de África. Allí dictó sus memorias y murió el 5 de mayo de 1821, a los 51 años. En 1840 sus restos fueron llevados a París, donde reposan en Los Inválidos.

Napoleón y América Latina

Aunque nunca pisó el continente, Napoleón cambió su historia. En 1808 sus tropas ocuparon España, y él obligó a los reyes Carlos IV y Fernando VII a renunciar a la corona, que entregó a su hermano José. Las colonias españolas quedaron sin un rey al que obedecer, y entre 1809 y 1810 surgieron juntas de gobierno en Quito, Caracas, Buenos Aires, Bogotá, Santiago y otras ciudades. Así empezó el camino hacia la independencia.

Esa misma invasión empujó a la familia real portuguesa a huir a Río de Janeiro, que se convirtió en la capital del imperio portugués. Ese traslado explica en buena parte por qué Brasil se independizó en 1822 sin una larga guerra.

En el Caribe, en 1802 envió un gran ejército para recuperar el control total de Saint-Domingue. Los rebeldes y la fiebre amarilla lo derrotaron, y Haití proclamó su independencia en 1804. Según la Oficina del Historiador del Departamento de Estado de Estados Unidos, ese fracaso, la falta de dinero y la amenaza de guerra con Gran Bretaña llevaron a Napoleón a vender en 1803 el inmenso territorio de Luisiana a Estados Unidos por 15 millones de dólares, lo que duplicó el tamaño de ese país.

Datos curiosos

No era bajito. El mito nace de una confusión de medidas: se anotó que medía 5 pies y 2 pulgadas, pero eran pulgadas francesas, más largas que las inglesas. En realidad medía cerca de 1,68 metros, una estatura normal para un francés de su tiempo. Las caricaturas británicas y su apodo cariñoso, el pequeño cabo, hicieron el resto.

Su huella sigue viva: el Código Civil de 1804, con muchas reformas, continúa vigente en Francia más de dos siglos después, y sus ideas inspiraron, directa o indirectamente, buena parte de los códigos civiles con los que hoy se resuelven herencias, contratos y matrimonios en América Latina.

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