¿Cuántos portaaviones tiene Estados Unidos y cómo funciona uno? Explicado
Estados Unidos tiene 11 portaaviones nucleares, más que cualquier otro país. Te explicamos cuántos son, qué tan grandes son, cómo despegan y aterrizan los aviones y por qué ya no hay ninguno en América Latina.
Estados Unidos tiene 11 portaaviones en servicio, todos de propulsión nuclear: diez de la clase Nimitz y uno de la clase Gerald R. Ford, el más nuevo. Son ciudades flotantes de unos 333 metros de largo y alrededor de 100.000 toneladas, que llevan a bordo decenas de aviones y a miles de personas. Ningún otro país se le acerca: la segunda flota más grande, la de China, tiene tres.
¿Cuántos portaaviones tiene Estados Unidos en 2026?
La Armada estadounidense cuenta hoy con 11 portaaviones. El más antiguo es el USS Nimitz, que entró en servicio en 1975 y que debía retirarse en mayo de 2026. Según la revista especializada Breaking Defense y el Instituto Naval de Estados Unidos (USNI), la Marina decidió alargar su vida hasta marzo de 2027 para no quedarse con un barco menos mientras espera al USS John F. Kennedy, el segundo de la clase Ford, cuya entrega está prevista para esa misma fecha.
Ese número no es casual. La ley estadounidense exige que la Armada mantenga al menos 11 portaaviones operativos, aunque en la práctica nunca están todos disponibles a la vez. En cualquier momento, varios están en mantenimiento, en reparaciones largas o entrenando a sus tripulaciones, y solo una parte está desplegada en el mar.
Los diez barcos de la clase Nimitz llevan nombres de presidentes, militares y políticos: Nimitz, Dwight D. Eisenhower, Carl Vinson, Theodore Roosevelt, Abraham Lincoln, George Washington, John C. Stennis, Harry S. Truman, Ronald Reagan y George H. W. Bush. El undécimo es el Gerald R. Ford, que entró en servicio en julio de 2017.
¿Qué tan grande es un portaaviones?
Un portaaviones de la clase Nimitz mide unos 333 metros de largo, más que tres canchas de fútbol puestas una detrás de otra, y desplaza cerca de 100.000 toneladas a plena carga. Puede navegar a más de 30 nudos, unos 56 kilómetros por hora, una velocidad notable para un barco de ese tamaño.
A bordo viven y trabajan alrededor de 5.000 personas cuando va con su ala aérea completa: unas 3.000 forman la tripulación del barco y el resto son pilotos, mecánicos y personal de aviación. Hay cocinas que sirven miles de comidas al día, un hospital, dentistas, una tienda, una peluquería y hasta su propia oficina de correos. Un ala aérea típica reúne unos 60 o 70 aviones y helicópteros, entre ellos cazas F/A-18 Super Hornet y F-35C, aviones de radar E-2 Hawkeye y aviones de guerra electrónica.
El Gerald R. Ford tiene un tamaño parecido, pero fue diseñado para funcionar con unos cientos de marineros menos gracias a la automatización. Es también el barco de guerra más caro de la historia: su construcción costó cerca de 13.000 millones de dólares, sin contar los miles de millones invertidos en investigación y desarrollo, según datos del Congreso de Estados Unidos recogidos por medios especializados.
¿Cómo funciona un portaaviones?
El corazón del barco son dos reactores nucleares. Su calor produce vapor que mueve turbinas, y esas turbinas hacen girar las hélices y generan la electricidad que necesita todo el buque. La gran ventaja es la autonomía: un portaaviones nuclear puede navegar más de veinte años sin recargar combustible. Lo que sí necesita reponer con frecuencia es el combustible de los aviones, la comida y las municiones, que le llegan desde barcos de abastecimiento en alta mar.
El mayor reto es que los aviones despeguen y aterricen en una pista de apenas unos 300 metros, cuando en tierra firme necesitarían mucho más espacio. Para despegar se usan catapultas: un mecanismo bajo la cubierta engancha el tren delantero del avión y lo lanza hasta más de 250 kilómetros por hora en unos dos segundos. En los Nimitz las catapultas funcionan con vapor; en el Ford, con un sistema electromagnético llamado EMALS, que permite controlar mejor la fuerza según el peso de cada aeronave.
Para aterrizar, el avión baja un gancho en la cola que debe atrapar uno de los cables de acero tendidos sobre la cubierta. El cable lo frena casi en seco en un par de segundos. Si el gancho falla, el piloto acelera a fondo y vuelve a despegar para intentarlo de nuevo. Es una de las maniobras más difíciles de la aviación, sobre todo de noche o con el mar agitado.
¿Por qué nunca navega solo?
Un portaaviones casi nunca sale solo al mar. Viaja dentro de un grupo de ataque formado por destructores con misiles y radares que lo protegen de aviones, barcos y submarinos enemigos, a veces un submarino de ataque y barcos de abastecimiento. En total, un grupo de este tipo reúne a varios miles de militares.
Su valor está en la movilidad. Un portaaviones funciona como una base aérea que puede trasladarse a casi cualquier punto del océano sin pedir permiso a otro país para usar su territorio. Por eso, cuando hay una crisis internacional, una de las primeras preguntas en Washington suele ser dónde están los portaaviones más cercanos. Su sola presencia frente a una costa es un mensaje político.
¿Qué otros países tienen portaaviones?
Fuera de Estados Unidos, la potencia que más rápido crece en este terreno es China. Su tercer portaaviones, el Fujian, entró en servicio en noviembre de 2025 y es el primero chino con catapultas electromagnéticas, como el Ford. Un informe del Pentágono calcula que China podría llegar a tener nueve hacia 2035, aunque Pekín no ha publicado un calendario oficial.
El Reino Unido opera dos portaaviones de la clase Queen Elizabeth, y Francia tiene el Charles de Gaulle, el único portaaviones nuclear que no es estadounidense. Otros países, como India e Italia, también operan portaaviones, pero ninguno de ellos se acerca al tamaño ni al número de los barcos de Estados Unidos.
¿Y en América Latina?
Durante casi 60 años, Brasil y Argentina tuvieron portaaviones. Brasil compró al Reino Unido el Minas Gerais, un buque de la Segunda Guerra Mundial que sirvió en su Armada entre 1960 y 2001. Argentina operó desde 1969 el Veinticinco de Mayo, también de origen británico, que apoyó el desembarco argentino en las islas Malvinas en 1982 y fue retirado en los años noventa.
El último fue el brasileño São Paulo, un portaaviones francés comprado en el año 2000. Pasó gran parte de su vida inactivo, fue dado de baja en 2017 y, en febrero de 2023, la Marina de Brasil lo hundió de forma controlada en el océano Atlántico, a unos 350 kilómetros de su costa, después de que Turquía rechazara recibirlo para desguazarlo por el asbesto y otras sustancias tóxicas que contenía. Desde entonces, ningún país latinoamericano tiene un portaaviones.
Los portaaviones estadounidenses, en cambio, sí aparecen en la región. En noviembre de 2025, el Gerald R. Ford llegó al mar Caribe en medio de la tensión entre Washington y el gobierno de Venezuela, una muestra de cómo estos barcos se usan para presionar sin disparar un solo tiro.
Un dato para dimensionar todo esto: la cubierta de vuelo de un portaaviones Nimitz ocupa unas 1,8 hectáreas, el espacio de unas dos canchas y media de fútbol, y sobre ella pueden despegar y aterrizar aviones cada pocos minutos, día y noche, en medio del océano.
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