Drones golpean por quinta vez en un mes un gran nudo petrolero ruso y Kazajistán detiene un oleoducto
El ataque a la estación Samara de Transneft obligó a parar la recepción de crudo por la ruta Atyrau-Samara. Astaná espera reanudarla pronto.
Antes del amanecer de este lunes 2 de noviembre, una columna de humo negro se levantó sobre el sureste de la región rusa de Samara. El objetivo de los drones fue la estación Samara de Transneft, el gigante estatal de los oleoductos rusos, y el efecto se sintió pronto a cientos de kilómetros: Kazajistán informó que un oleoducto por el que envía crudo a través de Rusia había dejado de recibir petróleo.
Qué pasó en Samara
El gobernador de la región, Viacheslav Fedorishchev, confirmó un ataque con drones ucranianos, aunque no dio detalles de daños ni de víctimas y pidió a los vecinos no publicar fotos ni videos. Medios independientes, entre ellos el medio ruso en el exilio Astra, identificaron el lugar con imágenes de testigos. Según The Moscow Times, las imágenes de la NASA muestran una gran columna de humo sobre la zona.
The Moscow Times describe la instalación como uno de los mayores centros de transporte de petróleo de Europa. Ocupa unas 216 hectáreas y cuenta con 71 tanques y 1,6 millones de metros cúbicos de almacenamiento. Kyiv Independent la sitúa en la localidad de Prosvet, a unos 835 kilómetros de la frontera ucraniana, y aclara que no pudo verificar por su cuenta los objetivos ni el alcance de los daños.
El mismo medio señala que los canales ucranianos de monitoreo Supernova+ y Exilenova+ fueron los primeros en difundir el golpe. En lo publicado hasta ahora no aparece una reivindicación oficial de Kiev sobre este ataque en concreto. El aeropuerto de Kurumoch suspendió sus vuelos durante dos horas, y el Ministerio de Defensa ruso aseguró haber interceptado 212 drones esa noche en todo el país y en Crimea.
Por qué se detuvo el petróleo de Kazajistán
Assel Serikpayeva, portavoz del Ministerio de Energía de Kazajistán, informó que la recepción de crudo por el oleoducto Atyrau-Samara se detuvo a las 6:09 de la mañana, hora de Astaná, después del ataque. Equipos técnicos revisan la infraestructura, y el ministerio espera que el bombeo se reanude pronto. Una fuente comercial citada por Reuters, según recoge Pipeline & Gas Journal, indicó que el reinicio podría producirse desde la noche del mismo lunes.
La parada importa porque esa ruta lleva el crudo kazajo a los mercados internacionales a través de territorio ruso. Kazajistán no tiene salida directa a mares abiertos y depende en buena medida de las redes de su vecino para vender su principal producto de exportación. Cada golpe a esa infraestructura rusa, aunque el objetivo declarado sea otro, puede terminar afectando a un país que no participa en la guerra.
Según The Moscow Times, la estación recibe crudo de Siberia Occidental, Tatarstán, Oremburgo y Kazajistán por cuatro oleoductos, y lo reparte hacia dos refinerías y hacia Druzhba, el oleoducto de exportación que lleva petróleo ruso hacia Europa. El Estado Mayor ucraniano ya había dicho, según Kyiv Independent, que allí se mezcla crudo de varias regiones para producir combustible de grado exportación destinado a sostener a las fuerzas armadas rusas.
Un objetivo que se repite
Este es el quinto ataque contra el mismo punto en un mes, después de los del 2, 7, 10 y 11 de octubre, de acuerdo con The Moscow Times. No es la primera vez que Kazajistán paga parte de la factura: en mayo su ministro de Energía atribuyó a los drones ucranianos la interrupción del crudo que enviaba a Alemania por Druzhba, y en julio los ataques a petroleros en el mar Negro obligaron a frenar las cargas en la terminal del Consorcio del Oleoducto del Caspio.
Para Ucrania, la lógica de estos ataques es económica y militar a la vez: el petróleo es una de las grandes fuentes de ingresos del Kremlin y también el combustible de su ejército. Para Rusia, la respuesta ha sido restar información: las autoridades suelen confirmar los ataques aéreos sin precisar los daños, como volvió a ocurrir este lunes.
Qué puede venir
Lo primero por ver es si el bombeo kazajo se recupera en las próximas horas, como esperan Astaná y la fuente de Reuters, y qué daños reales deja el incendio en la estación, algo que ninguna autoridad rusa ha detallado. Un quinto golpe en un mes sugiere además que el lugar seguirá en la lista de objetivos mientras siga operando.
El ataque también llega en un momento diplomático delicado. El enviado estadounidense Steve Witkoff anunció que delegaciones de Estados Unidos, Rusia y Ucrania se reunirán los días 10 y 11 de noviembre en Abu Dabi. Hasta entonces, la guerra sobre la infraestructura energética de ambos países no da señales de detenerse: el propio Zelenski advirtió este lunes que Rusia prepara un ataque masivo contra las redes de energía y logística de Ucrania.
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