Imperio británico: resumen, auge y caída del imperio donde no se ponía el sol
Llegó a dominar una cuarta parte de las tierras del planeta y a una de cada cuatro personas. Te explicamos cómo creció, por qué cayó y qué tuvo que ver con América Latina.
El Imperio británico fue el conjunto de colonias, protectorados y otros territorios gobernados o controlados por el Reino Unido entre finales del siglo XVI y 1997, cuando devolvió Hong Kong a China. Fue el imperio más grande de la historia: hacia 1920 abarcaba unos 35,5 millones de kilómetros cuadrados, cerca de una cuarta parte de las tierras del planeta, y reunía a alrededor de una cuarta parte de la población mundial. Creció gracias al comercio, a su flota y a la fuerza militar, y su herencia sigue presente en el idioma, las leyes y las fronteras de muchos países.
Por qué se decía que en él nunca se ponía el sol
La frase era casi literal. Como el imperio tenía territorios en todos los continentes y en todos los océanos, siempre era de día en alguno de ellos: cuando anochecía en Canadá, el sol ya alumbraba Australia o la India. La expresión tampoco era nueva. Antes se había usado para hablar del imperio de Felipe II de España, cuyas posesiones también daban la vuelta al mundo y que incluían gran parte de América Latina.
En los mapas de la época, como el de 1886 que ilustra este artículo, las tierras británicas se pintaban en rosado o rojo. Era una forma de presumir su tamaño ante el mundo, y durante generaciones los escolares británicos aprendieron geografía mirando esas manchas de color.
Cómo empezó y cómo creció
Los comienzos fueron modestos. Inglaterra llegó tarde a la carrera colonial que habían abierto España y Portugal, y sus primeros pasos estuvieron en manos de comerciantes y aventureros. El último día de 1600, la reina Isabel I dio su permiso a la Compañía de las Indias Orientales para comerciar en Asia. En 1607 se fundó Jamestown, en la actual Virginia, el primer asentamiento inglés permanente en Norteamérica. Pronto llegaron las colonias del Caribe, donde las plantaciones de azúcar se sostuvieron con el trabajo de personas esclavizadas traídas de África.
El primer gran golpe llegó en América del Norte. Las Trece Colonias se rebelaron y, tras la guerra iniciada en 1775, Londres reconoció la independencia de Estados Unidos en 1783. Pero el imperio no se detuvo: giró hacia Asia, África y Oceanía. Australia recibió a sus primeros colonos y presos en 1788, y la India se volvió la pieza más valiosa.
La conquista de la India la hizo, en gran parte, una empresa privada. La victoria en la batalla de Plassey, en 1757, convirtió a la Compañía de las Indias Orientales en un poder político y militar. Tras la gran rebelión india de 1857, el gobierno británico tomó el control directo en 1858 e inició el periodo conocido como Raj británico, que duró hasta 1947.
Después de vencer en Trafalgar en 1805 y de la derrota final de Napoleón en 1815, la Marina Real no tuvo rival durante casi un siglo. Eso le permitió a Reino Unido proteger sus rutas comerciales y controlar puntos clave como Gibraltar, Singapur y, más tarde, el canal de Suez. Su mayor extensión llegó justo después de la Primera Guerra Mundial, cuando recibió el mandato sobre territorios que habían sido de Alemania y del Imperio otomano.
El costo humano del imperio
La riqueza del imperio tuvo un precio muy alto para los pueblos colonizados. Los barcos británicos fueron de los principales transportistas de africanos esclavizados hasta que el Parlamento prohibió ese comercio en 1807. La esclavitud como tal se abolió con una ley de 1833, y la compensación de 20 millones de libras no fue para quienes la sufrieron, sino para sus antiguos dueños, y la pagaron los contribuyentes británicos.
En la India, la hambruna de Bengala de 1943 causó cerca de tres millones de muertes, según la Enciclopedia Británica, aunque las cifras varían según la fuente. No se debió a una falta de alimentos en sí, sino a que muchas personas no podían conseguirlos en plena guerra, mientras las autoridades daban prioridad a las necesidades militares. Hasta hoy, los historiadores debaten cómo balancear este legado con el de los ferrocarriles, las escuelas y las instituciones que dejó el imperio.
Por qué cayó el Imperio británico
Las dos guerras mundiales dejaron a Reino Unido agotado y endeudado, mientras crecían en las colonias los movimientos que exigían independencia. Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica ya gobernaban sus propios asuntos como dominios. La ruptura decisiva fue la India: el 15 de agosto de 1947 nacieron dos países independientes, India y Pakistán. La partición obligó a desplazarse a unos 15 millones de personas, y dejó un conflicto por Cachemira que sigue abierto.
La crisis de Suez, en 1956, mostró que el mundo ya era otro. Reino Unido, Francia e Israel atacaron Egipto tras la nacionalización del canal, pero tuvieron que retirarse por la presión de Estados Unidos, la Unión Soviética y las Naciones Unidas. En los años siguientes, Londres entregó la mayoría de sus colonias en África, Asia y el Caribe. El final simbólico llegó el 1 de julio de 1997, con la devolución de Hong Kong a China.
Qué tuvo que ver con América Latina
Aunque casi no tuvo colonias en la región, su influencia fue enorme. Durante las guerras de independencia, miles de voluntarios británicos e irlandeses pelearon junto a Simón Bolívar en las llamadas Legiones Británicas. Antes, en 1806 y 1807, Reino Unido había intentado sin éxito conquistar Buenos Aires, rechazado por fuerzas locales.
Después de la independencia, muchos historiadores hablan de un "imperio informal": sin gobernar directamente, Reino Unido pesaba mucho a través del dinero y el comercio. A finales del siglo XIX era el mayor inversor en Argentina y el principal comprador de sus productos, y el capital británico financió ferrocarriles, puertos y servicios públicos.
También dejó huellas directas. Belice, la antigua Honduras Británica, se independizó apenas en septiembre de 1981, y Guatemala rechazó aquel acuerdo por su reclamo sobre el territorio. Jamaica y otras islas del Caribe siguen hablando inglés por su pasado colonial. Y Reino Unido controla desde 1833 las islas Malvinas, que Argentina sigue reclamando y por las que ambos países fueron a la guerra en 1982.
Qué queda hoy del Imperio británico
Lo que queda en el mapa son pequeños territorios de ultramar repartidos por el mundo, como Gibraltar, las Bermudas y las Malvinas. Su herencia más visible es otra: el inglés como principal idioma de los negocios y la ciencia, el fútbol, y la Mancomunidad de Naciones, una asociación voluntaria de 56 países, en su mayoría antiguas colonias.
El dato final resume el vuelco de la historia: el imperio que llegó a reunir a una de cada cuatro personas del planeta terminó de ceder su última gran colonia hace menos de 30 años, y la Mancomunidad que lo sucedió admite ya a países que nunca fueron colonias suyas, como Gabón y Togo, que entraron en 2022.
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