El telescopio Swift de la NASA caerá sin control: América Latina está dentro de la zona posible
El aparato de unos 1.450 kilos reentrará a la atmósfera hacia el 4 de noviembre. La NASA calcula que el riesgo para las personas es de 1 entre 2.100.
Después de casi 22 años en el espacio, el telescopio Swift de la NASA está a punto de terminar su viaje de la forma menos controlada posible: cayendo a la Tierra sin motores ni guía. Según la Fuerza Espacial de Estados Unidos, cuya predicción publicó la NASA, el aparato de unos 1.450 kilos (3.200 libras) entraría en la atmósfera hacia las 3:30 de la madrugada, hora de Ecuador y de la costa este de EE. UU., del miércoles 4 de noviembre de 2026. El margen de error es amplio: unas 11 horas antes o después.
Para América Latina el dato tiene interés directo. Por la inclinación de su órbita, los fragmentos que sobrevivan solo pueden caer entre los 20,6 grados de latitud norte y los 20,6 grados de latitud sur, una franja que pasa sobre Ecuador, Colombia, Perú, Venezuela, Centroamérica, el sur de México y el norte de Brasil.
Qué va a pasar con el telescopio
La NASA explica que la mayor parte de Swift se desintegrará por el calor al atravesar la atmósfera, pero que algunos componentes podrían llegar al suelo. Científicos citados por la cadena australiana ABC y por la televisora estadounidense WRAL señalan como candidatos las piezas de tungsteno, un metal más denso que el plomo, y partes de los espejos del instrumento.
La agencia calcula que la probabilidad de que alguien en la Tierra resulte herido es de aproximadamente 1 entre 2.100. Además de América Latina, la franja de posible caída incluye África, la India, el sudeste asiático, el norte de Australia, Hawái y Puerto Rico. Sin embargo, la mayor parte de esa zona es océano o desierto, y el lugar exacto solo se conocerá en las últimas horas, cuando el margen de la predicción se reduzca.
El astrofísico Brad Tucker, de la Universidad Nacional de Australia, recordó a ABC que alrededor del 70 % del planeta es agua, por lo que lo más probable es que los restos terminen en el mar. Si la reentrada ocurre de noche sobre una zona poblada, en cambio, podría verse como una bola de fuego cruzando el cielo.
Por qué no se pudo salvar
Swift fue lanzado en noviembre de 2004 desde Cabo Cañaveral, en Florida, a bordo de un cohete Delta II, para una misión que en principio iba a durar dos años. El telescopio no tiene propulsión propia, de modo que su órbita depende del roce con las capas altas de la atmósfera. Ese roce aumentó en los últimos años porque el Sol atraviesa una fase de fuerte actividad, que calienta y expande la atmósfera superior.
En junio de 2026 Swift ya había bajado a unos 340 kilómetros de altura. Para rescatarlo, en julio despegó LINK, una nave robótica de la empresa Katalyst Space Technologies, con sede en Arizona, que debía acoplarse al telescopio y empujarlo a una órbita más alta. Según WRAL, la nave tuvo problemas de control y giró sin rumbo en órbita; aunque los ingenieros recuperaron parte del control, no pudieron capturar a Swift con seguridad y el intento se canceló en agosto.
El 20 de octubre el telescopio descendió a unos 275 kilómetros y entró en modo seguro. Tres días después, la NASA anunció el fin de la misión, y el equipo de la Universidad Estatal de Pensilvania que lo operaba envió la orden final de apagado.
Un final triste para un telescopio muy productivo
Swift fue diseñado para cazar estallidos de rayos gamma, las explosiones más potentes del universo, y apuntar sus instrumentos hacia ellos en cuestión de segundos. Según ABC, a lo largo de su vida detectó al menos 1.400 supernovas, y sus datos se usaron en miles de estudios científicos. En honor del astrofísico que lo impulsó, en 2018 recibió el nombre de Observatorio Neil Gehrels Swift.
Su caída también anticipa lo que espera a otros aparatos famosos. La NASA prevé que el telescopio espacial Hubble, que pesa unas ocho veces más que Swift, entre de forma no controlada en la atmósfera hacia 2033 o 2034 si no se le da un impulso antes.
Qué puede venir ahora
La NASA y la Fuerza Espacial seguirán actualizando la predicción hasta el momento de la reentrada, y el lugar de caída de los posibles restos se conocerá con más precisión en las últimas horas. Con la reentrada de Swift se cierra una de las misiones más largas y productivas de la astronomía espacial reciente, que había nacido para durar solo dos años y terminó superando las dos décadas.
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