El Titanic: por qué se hundió, cuántos murieron y qué cambió después
Era el barco más grande del mundo y muchos lo creían imposible de hundir. En su primer viaje, en abril de 1912, chocó con un iceberg. Te explicamos qué falló, cuántas personas murieron y cómo cambió la seguridad en el mar.
El Titanic fue un transatlántico británico que se hundió en el océano Atlántico Norte en la madrugada del 15 de abril de 1912, durante su primer viaje, después de chocar con un iceberg. Iban a bordo unas 2.220 personas entre pasajeros y tripulantes, y murieron más de 1.500. La principal razón de tantas muertes fue que el barco no llevaba botes salvavidas suficientes para todos.
Cómo era el Titanic
Pertenecía a la naviera White Star Line y se construyó en los astilleros Harland and Wolff de Belfast, hoy en Irlanda del Norte. Medía unos 269 metros de largo y, cuando zarpó, era el barco más grande del mundo. Para los pasajeros de primera clase tenía lujos poco comunes en la época, como piscina, gimnasio y baños turcos, pero también llevaba a cientos de emigrantes en tercera clase que buscaban una vida nueva en Estados Unidos.
Su casco estaba dividido en 16 compartimentos separados por mamparos y puertas estancas, que podían cerrarse para aislar una entrada de agua. Por ese diseño, la prensa y la publicidad de la época lo presentaron como un barco prácticamente insumergible.
Qué pasó la noche del naufragio
El Titanic zarpó de Southampton, en Inglaterra, el 10 de abril de 1912. Hizo escalas en Cherburgo (Francia) y en Queenstown (hoy Cobh, Irlanda) y puso rumbo a Nueva York.
El 14 de abril recibió por radio varios avisos de otros buques sobre hielo en la ruta, pero siguió navegando a unos 22 nudos, cerca de 40 kilómetros por hora, casi su velocidad máxima. A las 11:40 de la noche, los vigías vieron un iceberg justo delante. La tripulación intentó esquivarlo, pero el barco lo rozó con su costado derecho y el golpe abrió el casco en varios de los compartimentos delanteros.
A las 2:20 de la madrugada del 15 de abril, unas dos horas y cuarenta minutos después del choque, el Titanic se partió en dos y se hundió. El primer barco en llegar fue el Carpathia, que había captado las llamadas de auxilio y navegó a toda máquina durante la noche. Al amanecer rescató a los cerca de 700 sobrevivientes que estaban en los botes.
Por qué se hundió (y por qué murieron tantos)
El iceberg fue el golpe, pero una cadena de errores y fallos convirtió el accidente en una tragedia:
Exceso de confianza: pese a los avisos de hielo, el barco iba muy rápido en una noche sin luna y con el mar en calma. Sin olas que rompieran contra su base, el iceberg era mucho más difícil de ver a tiempo.
Un diseño con límites: el Titanic podía mantenerse a flote con hasta cuatro compartimentos inundados, pero el choque dañó más. Además, los compartimentos no estaban sellados por arriba: cuando la proa se hundió, el agua pasó de uno a otro, como en una cubeta de hielo que se inclina.
Botes insuficientes: llevaba 20 botes salvavidas con espacio para unas 1.178 personas, cerca de la mitad de quienes iban a bordo. Aun así, cumplía la ley británica de entonces, que estaba desactualizada y calculaba los botes según el tamaño del barco, no según el número de pasajeros. Además, en medio de la confusión, varios botes bajaron al agua medio vacíos.
Un vecino que no escuchó: el Californian, otro barco, estaba detenido entre el hielo relativamente cerca, pero su único operador de radio había apagado el equipo y se había ido a dormir, así que no recibió las llamadas de auxilio.
El frío: según la Enciclopedia Británica, el agua estaba a unos -2 °C. A esa temperatura, quienes cayeron al mar sufrieron hipotermia en muy poco tiempo.
Cuántos murieron
Las cifras cambian un poco según la fuente, porque las listas de pasajeros de la época no eran exactas. Los Archivos Nacionales de Estados Unidos citan 2.223 personas a bordo, de las cuales murieron 1.517 y sobrevivieron 706. La Enciclopedia Británica habla de más de 1.500 muertos.
La norma de mujeres y niños primero se aplicó en gran parte, pero la clase social también pesó. Según la Británica, murió cerca del 75 % de los pasajeros de tercera clase y alrededor del 78 % de la tripulación, proporciones mucho más altas que entre los viajeros de primera clase.
Entre las víctimas hubo latinoamericanos. Según la lista difundida por la agencia EFE con datos de la exposición Titanic, the Exhibition, viajaban el político mexicano Manuel Uruchurtu, el argentino Edgardo Andrew y los uruguayos Ramón Artagaveytia, Francisco Carrau y José Pedro Carrau. Ninguno sobrevivió. Artagaveytia, curiosamente, ya se había salvado cuarenta años antes de otro naufragio, el del vapor América en el Río de la Plata.
Qué cambió después del Titanic
El naufragio provocó investigaciones en Estados Unidos y en el Reino Unido, y sus conclusiones cambiaron las reglas del mar. En enero de 1914 se firmó en Londres el primer Convenio Internacional para la Seguridad de la Vida Humana en el Mar, conocido como SOLAS. Exigía botes salvavidas para todas las personas a bordo y simulacros de evacuación. La Primera Guerra Mundial retrasó su aplicación, pero sus principios se impusieron y el convenio, renovado en 1974, sigue vigente: hoy los barcos deben llevar botes o balsas para más gente de la que transportan.
En 1914 también nació la Patrulla Internacional del Hielo, a cargo de la Guardia Costera de Estados Unidos, que desde entonces vigila los icebergs del Atlántico Norte y avisa a los barcos. Y se estableció que los buques de pasajeros mantuvieran la radio vigilada de día y de noche, para que ninguna llamada de auxilio volviera a perderse como ocurrió con el Californian.
El hallazgo de los restos
Durante 73 años nadie supo con exactitud dónde estaba el barco. El 1 de septiembre de 1985, una expedición franco-estadounidense dirigida por Robert Ballard y Jean-Louis Michel encontró los restos a unos 3.800 metros de profundidad, a unos 600 kilómetros al sureste de Terranova, en Canadá. La proa y la popa yacen separadas, confirmando que el barco se partió antes de llegar al fondo. Desde 2012, al cumplirse cien años del naufragio, el sitio está protegido por la Convención de la UNESCO sobre el Patrimonio Cultural Subacuático.
El tiempo, sin embargo, juega en su contra. Bacterias que se alimentan del hierro, entre ellas una especie descubierta en el propio casco y bautizada Halomonas titanicae, están deshaciendo poco a poco el acero. Algunos científicos calculan que, en unas décadas, del barco más famoso de la historia podría quedar poco más que una mancha de óxido en el fondo del mar.
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