Novaya Gazeta, el diario del Nobel de la Paz Murátov, cierra en Rusia tras ser desalojado
El periódico independiente más antiguo de Rusia apagará sus servidores el 9 de noviembre y culpa a las autoridades y a los servicios de seguridad: “Nos mataron”.
Después de más de tres décadas, Novaya Gazeta anunció este 30 de octubre que deja de existir. El periódico, considerado el independiente más antiguo de Rusia y dirigido durante años por el Premio Nobel de la Paz Dmitri Murátov, informó que el 9 de noviembre apagará sus servidores y abandonará la sede que ocupa en el centro de Moscú. Su despedida empezó con una frase breve, publicada en su canal de Telegram: “Nos mataron”.
El anuncio llegó un día después de que las autoridades comenzaran a desalojar al personal que aún trabajaba en esas oficinas. Murátov resumió la situación con otra frase que recorrió la prensa internacional: “No morimos, nos mataron, junto con la Constitución”. También ironizó sobre el artículo 29 de la Carta Magna rusa, el que dice que la censura está prohibida.
Qué pasó
Según Novaya Gazeta Europe, la edición en el exilio del mismo periódico, la dirección fue avisada el 19 de octubre de que sería expulsada de su edificio del callejón Potapovski, un dato que atribuye a la revista The Economist. La decisión de cerrar se tomó el 26 de octubre en una reunión celebrada en el sótano de un edificio vecino, porque el equipo temía que su oficina tuviera micrófonos ocultos.
El riesgo que pesó en esa reunión fue que el diario fuera declarado “organización extremista”, una etiqueta que podría llevar a la detención de sus periodistas. En su comunicado, la redacción responsabiliza directamente a las autoridades y a los servicios de seguridad rusos de haberla forzado a cesar sus operaciones. En las notas consultadas no aparece una respuesta del Kremlin ni un motivo legal detallado para el desalojo.
La presión venía en aumento. En septiembre, el Ministerio de Justicia designó al periódico “agente extranjero”. Su subdirector, Oleg Roldugin, fue arrestado en abril y espera juicio por acusaciones de obtener y usar datos personales de forma ilegal. A comienzos de este mes, además, la policía registró el apartamento del director actual, que fue interrogado y puesto en libertad, según The Moscow Times.
Un diario marcado por sus muertos
Novaya Gazeta nació en 1993 con apoyo económico de Mijaíl Gorbachov, el último líder soviético. Se hizo conocida por sus investigaciones sobre corrupción, abusos de poder y la guerra de Chechenia, un trabajo que tuvo un costo muy alto. The Moscow Times cuenta seis periodistas asesinados, crímenes que organizaciones de derechos humanos consideran represalias.
El caso más conocido es el de Anna Politkóvskaya, baleada en octubre de 2006. Radio Free Europe recuerda también a Yuri Shchekochijin, fallecido de forma repentina en 2003 con sospechas de envenenamiento, y a Ígor Domníkov, Stanislav Markélov, Anastasia Babúrova y Natalia Estemírova. La noticia del desalojo sorprendió a Murátov de camino a Francia, donde iba a participar en un homenaje por los 20 años del asesinato de Politkóvskaya.
La guerra y el fin de la prensa libre
En 2021, Murátov compartió el Nobel de la Paz por sus esfuerzos para proteger la libertad de expresión. Apenas unos meses después, la invasión de Ucrania cambió todo: en marzo de 2022 el periódico suspendió casi toda su actividad tras varias advertencias del regulador estatal, y más tarde la justicia le retiró su licencia. Parte del equipo salió del país y fundó Novaya Gazeta Europe.
La redacción que se quedó en Moscú describe en su despedida casi cinco años de guerra trabajando bajo la vigilancia de los servicios de seguridad, hasta llegar a lo que llama la “zona de muerte”, una expresión que suele usarse para los tramos más letales del frente. Para América Latina, donde la prensa también trabaja bajo amenazas en varios países, el caso muestra que un medio puede desaparecer sin una orden pública de clausura: bastan etiquetas legales, arrestos y un desalojo.
Qué puede venir
El diario planea sacar una última edición antes del 9 de noviembre. No está claro cuántos empleos se perderán, y un trabajador que habló con The Moscow Times bajo anonimato teme que el siguiente paso sean cargos penales y detenciones. La edición europea seguirá publicando desde el exterior, de modo que el nombre sobrevive, pero Rusia se queda sin la redacción independiente más antigua que todavía tenía dentro de sus fronteras.
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