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El Pentágono quiere que sus bases resistan 90 días aisladas ante una guerra en varios frentes

El plan FORTRESS exige que las grandes bases de Estados Unidos funcionen tres meses sin electricidad, agua ni combustible de afuera, con reactores nucleares portátiles y microrredes.

Por Redacción Datos Interesantes Dirección: Armando Loza 3 min de lectura
Paneles solares y una microrred instalados en un campamento del Ejército de Estados Unidos.
Paneles solares y una microrred instalados en un campamento del Ejército de Estados Unidos. Foto: Spc. Robert Porter / Wikimedia Commons, Public domain

Noventa días sin recibir electricidad, agua ni combustible de afuera. Ese es el tiempo que el Pentágono quiere que aguante cada gran base militar dentro de Estados Unidos si una guerra de gran escala llega a golpear el propio territorio estadounidense. El requisito forma parte de un plan llamado FORTRESS, cuyos documentos revisó Fox News y que el medio dio a conocer el domingo 25 de octubre de 2026.

La idea de fondo es sencilla de explicar y difícil de cumplir: que las instalaciones militares no dependan de la red eléctrica civil, de los sistemas municipales de agua ni de las cadenas de suministro comerciales, que podrían caer en las primeras horas de un conflicto mayor.

Qué exige el plan

Según la información publicada por Fox News, FORTRESS obliga a las principales bases del territorio continental de Estados Unidos a mantener sus funciones esenciales durante al menos 90 días sin apoyo externo. Eso incluye cuatro servicios básicos: electricidad, agua, combustible y comunicaciones.

Para lograrlo, el plan contempla reactores nucleares portátiles, sistemas de almacenamiento de energía en baterías de gran escala y microrredes capaces de desconectar una base de la red civil y seguir funcionando por su cuenta. También prevé reservas estratégicas de municiones, combustible, minerales críticos, componentes electrónicos, repuestos y suministros médicos, cuyo tamaño dependerá de la velocidad con que se consumen y del tiempo que tardaría la industria en reponerlos.

El documento no se limita a las bases. Pide identificar con anticipación fábricas civiles que puedan pasar a producir material de defensa en plena crisis, hacer pruebas periódicas para comprobar si los fabricantes resisten interrupciones largas y contar con al menos dos proveedores o líneas de producción para cada pieza crítica. Además, exige proteger las comunicaciones, la navegación y los satélites militares frente a interferencias, como el bloqueo de señales GPS.

Lo que dice el Pentágono

El portavoz principal del Pentágono, Sean Parnell, defendió el plan con frases directas. “La energía ya es combate”, afirmó, y explicó que sin electricidad una base pierde las comunicaciones, el agua, la logística y la cadena de mando. Según Parnell, Washington no quiere depender de la infraestructura civil común para sostener su defensa nacional y considera que la energía crítica para las misiones debe ser independiente, protegida y redundante.

El portavoz también describió el escenario que preocupa a los planificadores militares: “El próximo conflicto probablemente se librará en múltiples frentes”, dijo, y añadió que en ese caso “las cadenas de suministro globales se romperán”. Por eso, sostuvo, estas decisiones deben tomarse ahora y no en medio de una guerra.

Por qué es un salto tan grande

Hoy, la mayoría de las bases cuenta con generadores de respaldo y reservas de combustible pensadas para sostener las funciones básicas durante unos pocos días, de acuerdo con documentos anteriores del Departamento de Defensa. Pasar de días a tres meses de autonomía total implica cambiar la forma en que se abastecen cientos de instalaciones.

Una parte del camino ya empezó. En agosto de 2026, el Ejército de Estados Unidos eligió a cinco empresas para construir microrreactores nucleares en cinco bases, entre ellas Fort Bragg, Fort Campbell y Fort Hood, con contratos de hasta 2.200 millones de dólares en cinco años, según Military Times y Defense News. La meta del Ejército es tener el primer reactor funcionando en una base hacia finales de septiembre de 2028, por lo que el objetivo de 90 días todavía está lejos de cumplirse.

El contexto: un mundo en tensión

El plan aparece en un momento de alta tensión para Estados Unidos. Su guerra con Irán sigue abierta, con un bloqueo naval en el Golfo y amenazas de nuevos ataques, mientras la rivalidad con China y Rusia marca buena parte de la planificación militar. Los documentos no nombran a un enemigo concreto, pero hablan de una guerra que podría afectar el territorio estadounidense y obligar a pelear en varios frentes a la vez.

Para América Latina, el tema no es ajeno. Las bases y la industria militar de Estados Unidos sostienen su presencia en el hemisferio, y Parnell mencionó un renovado interés de Washington en el continente americano, incluidos Groenlandia y Panamá. Que el Pentágono se prepare para resistir tres meses aislado dice mucho de cómo ve hoy el riesgo de un conflicto mayor.

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