El Pentágono creó en secreto una oficina para sabotear la tecnología militar de sus rivales, según Politico
La Technology Support Office, nacida de un memorando de abril, diseñaría ciberataques y engaños para que otros países instalen piezas defectuosas en sus armas. El Pentágono lo niega.
Engañar a un país rival para que monte piezas defectuosas en sus propios misiles, sin disparar un solo tiro. Esa es una de las tareas que tendría una oficina clasificada que el Pentágono creó en secreto este año, según una investigación publicada el 22 de octubre de 2026 por el medio estadounidense Politico. El Departamento de Defensa, que dirige Pete Hegseth, niega la información.
La oficina se llama Technology Support Office (TSO), algo así como Oficina de Apoyo Tecnológico. Su nombre suena administrativo, pero su misión, según el reportaje, es frenar el desarrollo de tecnología militar extranjera que pueda amenazar la ventaja de las fuerzas armadas de Estados Unidos.
Qué reveló Politico
De acuerdo con documentos internos del Departamento de Defensa y con conversaciones con una docena de funcionarios actuales y anteriores, la oficina nació con un memorando firmado el 14 de abril de 2026 por Steve Feinberg, subsecretario de Defensa y número dos del Pentágono. La TSO quedó bajo el área de Inteligencia y Seguridad y reunió dos programas clasificados que ya hacían un trabajo parecido desde 2023.
Entre sus herramientas figuran, según Politico, ataques informáticos diseñados a la medida, la interferencia en las cadenas de suministro de otros países y operaciones de engaño para que los adversarios terminen instalando componentes defectuosos en sus sistemas de armas. La idea de fondo es ganar tiempo: retrasar los avances de un rival en lugar de enfrentarlo de forma directa.
El reportaje precisa que la oficina no tiene autoridad para ejecutar operaciones clandestinas por sí misma. Su papel es diseñar las herramientas y los planes que después usan otras unidades militares y de inteligencia bajo sus propias reglas. Desde el verano la dirige Grant Hundley, exoficial de operaciones especiales de la Infantería de Marina.
El presupuesto no es público. Un exalto funcionario de inteligencia citado en la investigación calculó que los contratos clasificados ligados a la oficina podrían superar los 1.500 millones de dólares, una cifra que no tiene confirmación oficial. Según el mismo medio, el Comando de Operaciones Especiales y el Comando Cibernético se opusieron en su momento por temor a perder fondos.
El otro plan: agentes encubiertos contra China
La revelación llegó un día después de otra investigación, esta vez de The Washington Post. Según ese diario, el Pentágono planea ampliar una red de agentes encubiertos sin cobertura oficial para librar una guerra económica contra China y otros competidores. Seis fuentes dijeron al periódico que el programa sigue en fase de planificación y que todavía no funciona.
Ese proyecto estaría supervisado por un asesor de Feinberg, y el Post indicó que el Congreso no habría sido informado. Las dos historias apuntan en la misma dirección: un Pentágono que busca nuevas formas de competir con sus rivales, en especial con China, por debajo del umbral de una guerra abierta.
La respuesta del Pentágono
El subportavoz del Departamento de Defensa, Jacob Bliss, rechazó ambos reportajes. Afirmó que las consultas de los periodistas se basaban en información que "simplemente no es cierta" y que sus fuentes estaban mal informadas o los estaban desviando a propósito. También aseguró que el departamento valora su relación con el Congreso y que seguirá entregando la información necesaria para su supervisión.
El vocero no aclaró qué partes concretas de las investigaciones considera falsas. Por eso, por ahora, la existencia y el alcance de la oficina descansan en lo que publicaron Politico y The Washington Post, sin confirmación del gobierno.
Por qué importa
El sabotaje de cadenas de suministro no es una idea nueva, pero hacerlo desde una oficina dedicada marca un cambio de escala. En un mundo donde los chips, los motores y la electrónica de las armas pasan por fábricas de muchos países, una pieza alterada puede inutilizar un sistema entero sin que nadie lo note a tiempo.
Para América Latina el tema no es lejano. La región compra tecnología a Estados Unidos, a China y a Rusia, y sus empresas forman parte de cadenas de suministro globales. Una competencia cada vez más dura entre potencias en ese terreno puede traducirse en más controles, más sospechas sobre los proveedores y presiones para elegir bando.
Lo que viene ahora dependerá del Congreso. Si los demócratas ganan el control de alguna de las cámaras en las elecciones del 3 de noviembre, han anunciado que pedirán explicaciones al equipo de Hegseth, y estos programas podrían quedar en el centro de las audiencias.
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