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¿Cómo se forman los volcanes? Tipos, erupciones y los gigantes de los Andes

Del Cotopaxi al Popocatépetl, América Latina convive con algunos de los volcanes más vigilados del mundo. Te explicamos qué pasa bajo tierra antes de una erupción, cómo se monitorean y qué hacer si cae ceniza.

Por Redacción Datos Interesantes 5 min de lectura
Columna de ceniza y gases del volcán Tungurahua, en Ecuador, en noviembre de 2006, durante el proceso eruptivo que el volcán mantuvo entre 1999 y 2016.
Columna de ceniza y gases del volcán Tungurahua, en Ecuador, en noviembre de 2006, durante el proceso eruptivo que el volcán mantuvo entre 1999 y 2016. Foto: Marvin Hirth / Wikimedia Commons, Dominio público

Un volcán se forma cuando roca derretida del interior de la Tierra, llamada magma, sube hasta la superficie y sale por una abertura. Cada vez que hace erupción, la lava, la ceniza y los fragmentos de roca que expulsa se acumulan alrededor de esa salida y, con miles de años de erupciones, forman la montaña que conocemos. La mayoría de los volcanes nace en los bordes de las placas tectónicas, por eso abundan en la costa del Pacífico de América Latina.

Ecuador, México, Colombia, Perú, Chile y Centroamérica conviven con volcanes activos, así que entenderlos ayuda a saber qué hacer.

Del magma a la lava: cómo nace un volcán

A decenas de kilómetros de profundidad, el calor y la presión son tan altos que parte de la roca se funde. Ese magma es menos denso que la roca sólida que lo rodea, así que tiende a subir, como una burbuja de aceite en el agua. A veces se queda guardado en una cámara magmática debajo del volcán; otras veces encuentra grietas y llega a la superficie. Cuando sale al exterior deja de llamarse magma y pasa a llamarse lava.

Hay tres lugares típicos donde se forman volcanes. El primero son las zonas de subducción, donde una placa se hunde bajo otra: es el caso de los Andes, donde la placa de Nazca se mete bajo Sudamérica y libera agua que ayuda a fundir el manto. El segundo son las zonas donde las placas se separan, como las dorsales del fondo del océano o Islandia. El tercero son los puntos calientes, chorros de material caliente que suben desde muy adentro de la Tierra, como los que formaron Hawái y las islas Galápagos.

Tipos de volcanes y de erupciones

Los estratovolcanes son los conos altos y empinados que dibujamos de niños. Se forman con capas alternadas de lava y ceniza, y suelen tener erupciones explosivas. El Cotopaxi, el Tungurahua y el Popocatépetl son estratovolcanes.

Los volcanes en escudo son anchos y de pendientes suaves, porque su lava es muy fluida y corre lejos antes de enfriarse. Los volcanes de Hawái, como el Mauna Loa, son el ejemplo clásico, y varios volcanes de Galápagos tienen esa forma.

Los conos de ceniza o de escoria son pequeños y suelen tener vidas cortas. El ejemplo más famoso es mexicano: el Parícutin nació en 1943 en un campo de cultivo de Michoacán, frente a los ojos del agricultor dueño del terreno, y estuvo en erupción hasta 1952.

Las calderas son grandes hundimientos que quedan cuando un volcán vacía su cámara de magma y su cima colapsa. Muchas se llenan de agua y forman lagunas, como la del Quilotoa, en Ecuador.

No todas las erupciones son iguales. Si el magma es fluido y tiene pocos gases, la lava sale de forma tranquila. Si es espeso y está cargado de gases, la presión se acumula como en una botella de gaseosa agitada y la erupción es explosiva, con columnas de ceniza que pueden subir varios kilómetros.

Los peligros no son solo la lava, que en general avanza despacio. Los flujos piroclásticos son avalanchas de gas caliente, ceniza y rocas que bajan a gran velocidad. La caída de ceniza puede cubrir ciudades lejanas, dañar cultivos y afectar la respiración. Y en los volcanes con glaciares, como el Cotopaxi, el calor puede derretir el hielo y formar lahares: corrientes de lodo, agua y rocas que bajan por los ríos y quebradas.

Los lahares son una de las amenazas más serias de los Andes. En 1985, los lahares del volcán Nevado del Ruiz, en Colombia, llegaron unas dos horas después de la erupción a la ciudad de Armero, donde murieron más de 23.000 personas, según el USGS. La lección quedó clara: las alertas a tiempo y las evacuaciones organizadas salvan vidas.

Los gigantes de los Andes y de México

El Cotopaxi, con 5.897 metros, se levanta a unos 45 kilómetros de Quito y es uno de los volcanes activos más altos del mundo. Su última gran erupción fue en 1877, cuando sus lahares bajaron por varios ríos. En 2015 volvió a emitir ceniza tras más de un siglo sin erupciones importantes, y en octubre de 2022 las autoridades declararon alerta amarilla por nuevas emisiones de ceniza.

El Tungurahua, de unos 5.023 metros, sobre la ciudad turística de Baños, tuvo un largo proceso eruptivo entre 1999 y 2016, con explosiones, caída de ceniza y evacuaciones en varias ocasiones.

En México, el Popocatépetl, de más de 5.000 metros, se encuentra entre el Estado de México, Puebla y Morelos, cerca de millones de personas. Despertó en diciembre de 1994 tras décadas de calma y desde entonces mantiene actividad frecuente. A mediados de 2026, el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) lo mantenía en semáforo amarillo fase 2 y pedía no acercarse al cráter.

Cómo se vigilan y qué hacer ante una erupción

En Ecuador, la vigilancia volcánica está a cargo del Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional (IG-EPN). Según un artículo de sus científicos publicado en 2021 en la revista Volcanica, sus redes vigilan dieciocho volcanes con más de 266 estaciones. En México lo hace el Cenapred, junto con la Universidad Nacional Autónoma de México.

Los vulcanólogos usan sismómetros para detectar los pequeños temblores que produce el magma al moverse, miden los gases que salen del cráter, revisan con GPS y satélites si la montaña se hincha y usan cámaras térmicas y de video. Ninguna de estas herramientas permite fijar el día exacto de una erupción, pero juntas permiten detectar cambios y avisar con anticipación.

Con esa información, las autoridades declaran niveles de alerta. En Ecuador se usan colores: blanca para la normalidad, amarilla cuando hay anomalías y se refuerza la vigilancia, naranja cuando se prevé una erupción próxima y se activan los planes de evacuación, y roja cuando la erupción está en curso.

Antes: averigua si tu casa está en una zona de peligro, por ejemplo cerca de un río por donde podría bajar un lahar, conoce las rutas de evacuación y ten lista una mochila de emergencia.

Durante una caída de ceniza, las autoridades de gestión de riesgos recomiendan quedarse en casa, cerrar puertas y ventanas y colocar trapos húmedos en las rendijas; usar mascarilla, gafas y ropa de manga larga si hay que salir; tapar tanques y recipientes de agua, y lavar bien frutas y verduras. La ceniza no se limpia con agua, porque tapa los desagües: se barre y se guarda en sacos.

Si las autoridades ordenan evacuar, hay que hacerlo de inmediato y por las rutas señaladas, alejándose de ríos y quebradas. Y nunca hay que acercarse al cráter de un volcán activo para tomar fotos.

Lo que debes recordar

Los volcanes se forman cuando el magma sube desde el interior de la Tierra, sobre todo donde chocan o se separan las placas tectónicas. Los más comunes en los Andes son los estratovolcanes, de erupciones explosivas. Sus mayores peligros son los flujos piroclásticos, los lahares y la ceniza. Los científicos los vigilan día y noche, y seguir sus alertas oficiales es la mejor forma de protegerse.

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