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El ciclo del agua explicado: etapas, cómo funciona y el papel de los páramos

El agua que tomas hoy pudo haber estado en una nube, un glaciar o el océano. Te explicamos cada etapa del ciclo del agua y por qué los páramos y glaciares de los Andes son claves para millones de personas.

Por Redacción Datos Interesantes 5 min de lectura
Frailejones entre la neblina en un páramo de los Andes colombianos, en la subida al volcán Azufral. Estas plantas atrapan humedad de la niebla y ayudan a que el páramo funcione como una esponja de agua.
Frailejones entre la neblina en un páramo de los Andes colombianos, en la subida al volcán Azufral. Estas plantas atrapan humedad de la niebla y ayudan a que el páramo funcione como una esponja de agua. Foto: AlbruMar / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

El ciclo del agua es el viaje sin fin que hace el agua entre el océano, el aire y la tierra. El Sol la calienta y la evapora, el vapor sube y forma nubes, las nubes la devuelven en forma de lluvia o nieve, y esa agua corre por ríos, se filtra en el suelo o vuelve al mar para empezar otra vez. Es el mismo proceso desde hace miles de millones de años: el agua no se crea ni se pierde, solo cambia de lugar y de estado.

Entenderlo ayuda a responder preguntas muy concretas, como de dónde sale el agua de la llave, por qué hay sequías o por qué se habla tanto de cuidar los páramos y los glaciares de los Andes.

Cuánta agua hay en la Tierra y dónde está

Según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), cerca del 96,5 % del agua del planeta está en los océanos y es salada. Solo una pequeña parte es dulce, y de esa agua dulce más del 68 % está congelada en casquetes polares, glaciares y nieves permanentes, y cerca del 30 % está bajo tierra. Los ríos y los lagos, de donde sale buena parte del agua que usamos, guardan apenas una fracción muy pequeña del total.

Por eso el ciclo del agua es tan importante: es el mecanismo que, una y otra vez, convierte el agua salada del mar en agua dulce que cae sobre los continentes.

Las etapas del ciclo del agua

Evaporación. El calor del Sol hace que el agua de océanos, lagos y ríos pase de líquido a vapor y suba a la atmósfera. Al evaporarse, la sal se queda en el mar; por eso la lluvia es agua dulce. Las plantas también aportan vapor: absorben agua por las raíces y la liberan por los poros de sus hojas, un proceso llamado transpiración. A la suma de ambos se le llama evapotranspiración.

Condensación. A medida que sube, el vapor se enfría. Al enfriarse, se convierte en gotitas diminutas de agua o en cristales de hielo que se agrupan alrededor de partículas de polvo, sal o humo. Millones de esas gotitas juntas forman las nubes y la neblina. Es lo mismo que pasa cuando se empaña un vaso con una bebida fría.

Precipitación. Cuando las gotas crecen y pesan demasiado, caen como lluvia, llovizna, granizo o nieve. El agua no se queda mucho tiempo en el aire: los estudios calculan que una molécula de agua permanece en la atmósfera, en promedio, entre 8 y 10 días antes de volver a caer.

Infiltración. Parte del agua que cae se filtra en el suelo, como en una esponja. Una porción la aprovechan las plantas y otra baja lentamente hasta formar acuíferos, que son depósitos de agua subterránea. Muchos pozos y vertientes se alimentan de esa agua.

Escorrentía. El agua que no se filtra corre sobre la superficie: forma arroyos que se unen a ríos más grandes y que, tarde o temprano, desembocan en el mar o en un lago. Allí vuelve a evaporarse y el ciclo comienza de nuevo.

Hay un paso más que se menciona menos: el almacenamiento. El agua puede quedarse guardada mucho tiempo en glaciares, lagos, acuíferos o en el fondo del océano antes de seguir su viaje.

Páramos: las esponjas de agua de los Andes

En las montañas de Ecuador, Colombia, Venezuela y el norte de Perú, por encima de los bosques y debajo de las nieves, está el páramo. Es un ecosistema frío, con pajonales, almohadillas, musgos y, en algunos lugares, frailejones. A simple vista parece un lugar vacío, pero cumple una función enorme en el ciclo del agua.

Según la organización The Nature Conservancy, el páramo funciona como una esponja: su suelo, muy rico en materia orgánica, absorbe el agua en la temporada de lluvias y la va soltando poco a poco en la temporada seca. Además, plantas como los frailejones atrapan gotitas de la neblina, y el frío reduce la evaporación. Gracias a eso, muchos ríos andinos siguen llevando agua aunque pasen semanas sin llover.

De esa esponja dependen grandes ciudades. En Quito, un fondo de agua creado en el año 2000 protege páramos que abastecen de agua a más de dos millones de personas. En Colombia, el sistema de Chingaza, alimentado por páramos, abastece cerca del 70 % del agua de Bogotá y municipios vecinos. Por eso, cuando un páramo se quema, se ara o se llena de ganado, la ciudad de abajo puede terminar con menos agua.

Los glaciares andinos se están derritiendo

Los glaciares son otro depósito de agua del ciclo: guardan la nieve de muchos años convertida en hielo y la liberan al derretirse. En los volcanes y nevados de Ecuador, como el Antisana, el Cotopaxi, el Cayambe o el Chimborazo, el hielo ha retrocedido de forma marcada. Estudios citados por el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología del Ecuador (INAMHI) estiman que los glaciares del país perdieron entre el 30 % y el 50 % de su superficie en unas tres décadas.

La tendencia se repite en todos los Andes tropicales. Un estudio publicado en la revista The Cryosphere en 2013 concluyó que su retroceso en las últimas décadas no tiene precedentes en varios siglos, y el Atlas Andino de Glaciares y Agua, elaborado con la UNESCO, advierte que los glaciares de menor altura podrían perder entre el 78 % y el 97 % de su volumen antes de que termine este siglo.

¿Significa eso que Quito se quedará sin agua cuando desaparezca el hielo? No necesariamente. Estudios sobre la zona del Antisana, difundidos por el Banco Interamericano de Desarrollo y por el Ministerio del Ambiente ecuatoriano, indican que la mayor parte del agua de esa zona viene del páramo y no del glaciar. La conclusión es clara: proteger el páramo es tan importante como preocuparse por el hielo.

Lo que debes recordar

El ciclo del agua tiene cinco etapas principales: evaporación, condensación, precipitación, infiltración y escorrentía. El motor es el Sol, y la gravedad hace que el agua caiga y corra hacia abajo.

Casi toda el agua del planeta es salada; el ciclo es lo que la transforma en agua dulce para ríos, lagos y acuíferos.

En los Andes, los páramos funcionan como esponjas que regulan el agua de ciudades enteras, y los glaciares, que se están reduciendo, son reservas que tardaron siglos en formarse. Cuidar ambos, evitando quemas y el desperdicio del agua en casa, es cuidar el agua que tomaremos mañana.

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