EE. UU. quiere pasar petroleros sancionados de la flota fantasma a la “flota de los buenos”
El secretario de Energía de Trump asegura que no está levantando sanciones. Especialistas advierten que la medida puede terminar ayudando a Rusia.
Un funcionario de Washington lo resumió con una frase que parece sacada de una película: hay barcos que pasarán de la “flota de los malos” a la “flota de los buenos”. Quien habla es Chris Wright, secretario de Energía de Estados Unidos, y se refiere a petroleros sancionados que el gobierno de Donald Trump quiere devolver al comercio legal. La idea, que Deutsche Welle analizó el 30 de octubre, ha despertado críticas entre especialistas en sanciones porque llega mientras Rusia sigue atacando a Ucrania.
Qué está haciendo Washington
Según declaraciones de Wright recogidas por Bloomberg, inversionistas proponen comprar buques sancionados que hoy están parados, repararlos y ponerlos a transportar crudo que no esté bajo restricciones. El secretario rechaza que eso equivalga a un alivio general. “No estamos eliminando sanciones”, afirmó, y aseguró que esos barcos ya no llevarán petróleo sancionado.
Reuters, citada por DW, informó a comienzos de octubre que un funcionario estadounidense explicó el objetivo: aliviar las tarifas mundiales de transporte marítimo, que están en niveles récord. Parte de esa presión viene de la crisis en el estrecho de Ormuz, por donde en tiempos normales pasa una porción muy importante del petróleo del mundo.
El plan ya tiene efectos visibles. Bloomberg reportó el 28 de octubre, según recoge Oil Price, que dos superpetroleros que antes transportaban crudo venezolano ya están sacando petróleo del Golfo Pérsico, y que otros dos se dirigen hacia el golfo de Omán desde Sudamérica. Un abogado marítimo citado en ese reporte explicó que hay buques que están saliendo de las listas de sanciones o recibiendo licencias para ciertas operaciones financieras.
Qué es la flota fantasma
Se conoce así a una red de petroleros, en gran parte viejos y con seguros dudosos, que se usa para mover crudo de países sancionados. Estos barcos suelen apagar sus sistemas de localización y ocultar el origen o el destino de la carga. Desde la invasión de Ucrania, Rusia depende cada vez más de ellos para seguir vendiendo petróleo, aunque la red también ha servido a otros países bajo sanciones, como Venezuela e Irán.
Wright calcula que en el mundo hay unos 1.600 de estos barcos y sugiere que decenas, o quizá cientos, podrían volver con el tiempo al comercio regulado. Un análisis del sector citado en la prensa especializada fue mucho más modesto: al aplicar los filtros, encontró como máximo 22 buques aptos. Ese contraste muestra que el alcance real del plan todavía está por verse.
Por qué preocupa a los críticos
Michael Carpenter, investigador del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), advirtió a DW que levantar sanciones a estos barcos reduciría la eficacia de todo el sistema de castigos. A su juicio, una medida así “recompensa al agresor y ayuda a Moscú a obtener ingresos para seguir atacando a Ucrania”. Ben Harris, de la Brookings Institution, coincide en que le facilitaría a Rusia vender su petróleo a precios de mercado.
Elisabeth Braw, del Atlantic Council, va más allá y le dijo a DW que esta flota “es una plaga” que aumenta el riesgo de accidentes y de daños ambientales. Es un argumento que también interesa a los países de América Latina con costas y puertos por donde pasan estos barcos, y a cualquier economía que dependa del precio del combustible.
La discusión llega además en un mes cargado. En octubre, el Tesoro de Estados Unidos autorizó el comercio de diésel de origen ruso hasta abril de 2027, y Trump dejó sin efecto un paquete de sanciones contra los ingresos energéticos de Rusia, según DW. Ese medio señala que el acuerdo del diésel fue interpretado como un intento de bajar el precio del combustible antes de las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre.
Qué puede pasar ahora
Europa sigue otro camino. En los primeros seis meses de este año se incautaron nueve barcos sospechosos de pertenecer a esta red en aguas europeas, cuatro de ellos por parte de Francia, y Moscú ya amenazó con represalias. Harris cree que, si Washington afloja, la responsabilidad recaerá en los gobiernos europeos, que conservan un papel clave en los seguros marítimos internacionales.
La pregunta de fondo es si el plan logra lo que promete: más barcos limpios y fletes más baratos, sin que un solo dólar adicional llegue a la guerra de Rusia. Wright sostiene que sí. Sus críticos responden que, en un mercado donde estos buques se han especializado en esconder lo que cargan, será muy difícil comprobarlo.
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