La guerra en Ucrania habría matado a más de 120.000 delfines en el mar Negro, según un científico
Un investigador ucraniano calcula que murió uno de cada cuatro cetáceos desde 2022 por explosiones, sonares y contaminación. Es una estimación difícil de verificar, porque casi ningún cuerpo llega a la orilla.
Más de 120.000 delfines y marsopas habrían muerto en el mar Negro desde que Rusia invadió Ucrania a gran escala en febrero de 2022. La cifra equivale a uno de cada cuatro cetáceos de ese mar, y la da el investigador ucraniano Iván Rusev, jefe científico del parque nacional Lagunas de Tuzly, en un reportaje publicado por Al Jazeera este 31 de octubre de 2026.
Se trata de una estimación de un solo equipo científico, no de un conteo oficial, y conviene leerla así. Aun así, describe un daño que otros especialistas de la región también observan: las muertes de cetáceos han aumentado en las costas de varios países ribereños desde que empezó la guerra.
Qué dice la estimación
Según Rusev, solo en 2022 murieron unos 50.000 animales, y el total siguió creciendo hasta superar los 120.000 este año. Tres meses antes, en julio, el medio Euromaidan Press ya había recogido un cálculo de más de 100.000. RBC-Ucrania, por su parte, citó unas 20.000 muertes solo en el primer semestre de 2026.
La dificultad de fondo es que casi ningún cuerpo se puede contar. El propio Rusev ha explicado que apenas una fracción muy pequeña de los animales muertos llega a la orilla, cerca del 5 %, y que el resto se hunde. Por eso sus cifras parten de una extrapolación y no de un registro de cadáveres, y por eso no hay manera de comprobarlas de forma independiente por ahora.
Tampoco hay consenso sobre las causas. Dimitar Popov, de la organización búlgara Green Balkans, señaló a Al Jazeera que muchos ejemplares aparecen tan descompuestos que resulta casi imposible determinar por qué murieron, aunque coincide en que los sonares de buques y submarinos afectan a estos animales. Los monitores ambientales rusos atribuyen las muertes a parásitos e infecciones virales, sin dar más explicaciones.
Cómo afecta la guerra a los delfines
El mecanismo que describe Rusev no empieza con un impacto directo. Los delfines dependen de la ecolocalización para orientarse, comunicarse y cazar, y las explosiones, los lanzamientos de misiles crucero desde buques y los sonares militares interfieren con ese sentido. Un animal que no puede cazar pierde peso muy rápido.
Al adelgazar, el delfín empieza a consumir su propia grasa, donde se han acumulado durante años contaminantes de aguas residuales, de la agricultura, microplásticos y antibióticos. Ese proceso debilita su sistema inmunitario y lo deja expuesto a infecciones respiratorias graves, como las que causa el morbillivirus. Por eso muchos ejemplares que aparecen en las playas se ven desnutridos, sin marcas de redes de pesca.
Un mar ya frágil, con más contaminación
El mar Negro tiene una particularidad que agrava el problema: sus aguas carecen de oxígeno por debajo de los 50 a 100 metros de profundidad, de modo que la vida se concentra en una capa relativamente delgada. A esa fragilidad se suman los combustibles y químicos de decenas de buques de guerra, petroleros y cargueros hundidos o dañados durante el conflicto.
Esos daños no vienen de un solo bando. Ucrania ha hundido con drones decenas de buques rusos, entre ellos el crucero Moskva, y sus ataques a petroleros de la llamada flota fantasma también han provocado derrames, según el reportaje. Otro golpe fue la destrucción de la represa de Kajovka en 2023, que descargó enormes volúmenes de agua con fertilizantes, metales pesados y aceite de máquinas.
Las consecuencias alcanzan a otras especies. Según Rusev, peces como el mújol y la anchoa azul escasean, y las aves migratorias que paran en las lagunas de su parque se ven perturbadas por las explosiones y los drones. Los flamencos, que empezaron a anidar allí hace pocos años, abandonan sus nidos con el ruido. La única nota positiva que menciona es que, en tierra, jabalíes, zorros y liebres han aumentado porque la caza casi se detuvo.
Qué puede venir
Aunque la guerra terminara pronto, la recuperación sería lenta y desigual. Rusev calcula que los insectos y los pequeños mamíferos podrían volver a la normalidad en pocos años, pero que los cetáceos necesitarían entre 30 y 50 años para que el ecosistema marino se acerque a su estado anterior.
Para los países que comparten este mar, entre ellos Bulgaria, Rumania y Turquía, el asunto va más allá de la conservación: la pesca ya sufre restricciones, prohibiciones y minas navales a la deriva. Medir con precisión el daño ambiental de la guerra quedará como una de las tareas pendientes el día que los combates se detengan y los científicos puedan trabajar en toda la costa.
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