¿Quién fue Atahualpa? Vida, captura y muerte del último gran Inca
Ganó una guerra civil contra su hermano Huáscar y, meses después, cayó prisionero de un puñado de españoles en Cajamarca. Esta es la historia del Inca que llenó un cuarto de oro y aun así fue ejecutado.
Atahualpa fue el último gobernante del Imperio inca antes de la conquista española. Nacido hacia 1500 o 1502, ganó una guerra civil contra su medio hermano Huáscar, pero fue capturado por Francisco Pizarro en Cajamarca el 16 de noviembre de 1532 y ejecutado el 26 de julio de 1533. Su muerte marcó el principio del fin del Tahuantinsuyo, el estado más grande de la América antigua.
Su historia tiene de todo: una herencia disputada, una epidemia que mató al emperador, un rescate en oro que todavía asombra y un juicio que muchos historiadores consideran injusto. Para Ecuador, además, es una figura especial, porque gobernó desde Quito y muchos lo consideran parte de la raíz de la identidad nacional.
Hijo de Huayna Cápac y rival de Huáscar
Atahualpa era hijo de Huayna Cápac, el Inca que llevó el imperio hasta su máxima extensión hacia el norte, en territorios de los actuales Ecuador y sur de Colombia. Huayna Cápac pasó muchos años en la región de Quito y Tomebamba (la actual Cuenca) dirigiendo campañas militares, y Atahualpa creció cerca de esos ejércitos veteranos.
Dónde nació y quién fue su madre son preguntas que todavía se discuten. Algunos cronistas españoles, como Pedro Cieza de León y Juan de Betanzos, dicen que nació en Cusco. Otros, como el Inca Garcilaso de la Vega, lo ubican en Quito. Historiadores ecuatorianos han propuesto también Caranqui, en la actual provincia de Imbabura. Sobre su madre, las crónicas dan varios nombres; el jesuita quiteño Juan de Velasco, en el siglo XVIII, afirmó que era una princesa de Quito llamada Paccha.
Hacia mediados de la década de 1520, una epidemia que muchos investigadores identifican como viruela llegó a los Andes antes que los propios españoles. Murieron Huayna Cápac y también Ninan Cuyuchi, el hijo que debía sucederlo. Ese vacío de poder dejó frente a frente a dos hermanos: Huáscar, reconocido como Inca en Cusco, y Atahualpa, que tenía el apoyo del poderoso ejército del norte.
La relación entre los dos hermanos se rompió y estalló una guerra que duró varios años, entre finales de la década de 1520 y 1532. Los cronistas no coinciden en el número de batallas ni en sus fechas, pero sí en que los generales de Atahualpa, sobre todo Quisquis y Chalcuchímac, fueron decisivos. Avanzaron desde el norte hacia el sur y, en 1532, derrotaron y capturaron a Huáscar cerca de Cusco.
Atahualpa, que esperaba noticias de la victoria en Cajamarca, en el norte del actual Perú, estaba a punto de convertirse en el soberano indiscutido del imperio. Pero en ese mismo momento un pequeño grupo de extranjeros avanzaba por la sierra: eran los hombres de Francisco Pizarro.
La captura en Cajamarca y el cuarto del rescate
Pizarro llegó a Cajamarca el 15 de noviembre de 1532 con unos 168 hombres, según el recuento más citado. Al día siguiente, Atahualpa entró en la plaza de la ciudad acompañado de miles de servidores y guardias, confiado en su enorme superioridad numérica. Los españoles, escondidos en los edificios que rodeaban la plaza, atacaron por sorpresa con caballos, armas de acero y disparos, y tomaron prisionero al Inca. Miles de sus acompañantes murieron ese día.
Prisionero, Atahualpa hizo una oferta que se volvió legendaria: llenar de oro la habitación donde estaba, hasta donde alcanzaba su mano levantada, y llenar dos veces ese mismo espacio con plata, a cambio de su libertad. Durante meses llegaron a Cajamarca vasijas, adornos y planchas de metal desde todo el imperio, y los españoles fundieron la mayor parte de esas piezas para repartirse el metal.
El lugar que hoy se conoce como Cuarto del Rescate todavía se puede visitar en Cajamarca. Las mediciones citadas varían, pero rondan los 6 a 7 metros de largo por unos 5 de ancho. Mientras tanto, Huáscar fue asesinado por sus captores; varias crónicas atribuyen la orden a Atahualpa, que temía que su hermano negociara con los españoles.
El juicio y la ejecución en 1533
Aunque el rescate se reunió en gran parte, Pizarro no liberó al Inca. Los españoles temían que, libre, organizara un ataque, y montaron un juicio con acusaciones como rebelión, idolatría y la muerte de Huáscar. Atahualpa fue condenado a morir en la hoguera. Según los relatos de la época, aceptó ser bautizado con el nombre de Francisco y, por eso, la pena se cambió por la muerte por estrangulamiento con garrote.
La fecha más aceptada de su muerte es el 26 de julio de 1533. Algunas fuentes mencionan el 29 de agosto, pero la mayoría de los historiadores la asocian con su entierro o con otros momentos del proceso. La decisión fue criticada incluso en España: el rey Carlos I reprochó a Pizarro haber ejecutado a un soberano.
Con el Inca muerto, Pizarro avanzó hacia Cusco, que tomó en noviembre de 1533. En el norte, el general Rumiñahui encabezó la resistencia en la región de Quito hasta que fue capturado y ejecutado en 1535, aunque las fuentes no coinciden en la fecha exacta. Otros incas siguieron resistiendo desde Vilcabamba hasta 1572.
Atahualpa y Ecuador: su legado
Para muchos ecuatorianos, Atahualpa es un símbolo. Según varias crónicas, Huayna Cápac dejó a este hijo el gobierno de la región de Quito, que él mismo había conquistado, y desde allí Atahualpa construyó su poder. Escritores e historiadores ecuatorianos como Pío Jaramillo Alvarado y Benjamín Carrión lo presentaron como una figura fundadora de la identidad quiteña. Su nombre está presente en el principal estadio de Quito, el Estadio Olímpico Atahualpa, y en calles, escuelas y monumentos de todo el país.
En Perú y Bolivia su figura también es central, aunque a veces vista de otro modo, porque la guerra contra Huáscar dejó heridas entre los propios pueblos andinos. Lo que casi nadie discute es que su captura y muerte cambiaron la historia de Sudamérica para siempre.
Datos curiosos
Su nombre se escribió de muchas maneras: Atabalipa, Atabaliba, Atahuallpa o Atawallpa. Los españoles lo escuchaban de oído y cada uno lo anotaba a su modo.
Su muerte, junto con la de otros incas, alimentó el mito andino de Inkarri: según esta tradición, el cuerpo del Inca vuelve a crecer bajo la tierra a partir de su cabeza y algún día regresará para restaurar el orden del mundo andino.
Nunca se ha encontrado su cuerpo. Fue enterrado en una iglesia de Cajamarca, pero las crónicas cuentan que sus seguidores lo sacaron después. Desde entonces, investigadores de Perú y Ecuador han buscado su tumba sin una confirmación definitiva.
Lo que debes recordar: Atahualpa era hijo de Huayna Cápac, venció a Huáscar en una guerra civil, fue capturado en Cajamarca el 16 de noviembre de 1532 y ejecutado el 26 de julio de 1533. Su muerte abrió el camino a la conquista española de los Andes.
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